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Doble placer

He guardado este secreto por bastante tiempo, esta experiencia aunque no volvería a repetirla, me hizo tener el mayor pacer que había sentido, todo comenzó cuando la conocí a ella, Yessica, morena delgada con unas ricas nalgas que se notaban, unos senos pequeños y redonditos, muy guapa, su cabello largo que le llegaba precisamente a la altura de su riquisima cola, a mi esa combinación me mataba, ella era casada, así que simplemente descarté toda oportunida con ella, ella era la adinistradora de la sucursal de Cancún, yo el operador regional, así que me tocó ir a Cancún, ella tenía poco de haber ingresado, estuve un mes con ella, al principio todo era normal pero había días en los que ela llevaba ropa muy ajustada o alguna faldita que me volvía loco, comenzamos a tener mas confianza, tanto que ella me decía que cuando la invitaba a comer, yo le decía que no, que le recordaba que era casada entonces se me acercó y me dijo: no tiene porque enterarse, cuando dijo eso una excitante pero extraña situación recorrió todo mi cuerpo, así un día hubo un problema en el sistema y tuvimos que quedarnos hasta tarde y pasó lo inevitable, comenzamos a besarnos en la oficina, yo en seguida acaricie sus ricas nalgas con mis manos, mientras me la comía a besos, quise quitarle la blusa y ella me detuvo diciendo: no, aquí vamos a mi casa, yo me sorporendí y le dije: tu marido, como crees, no te preocupes no está, me respodió, no se como fué pero por una extraña razón terminamos en su casa, yo insistí en no hacerlo ahí, pero ella me lo pidió tanto con ese tono sexy y rogón que me exitaba, y oy ya estaba muy deseoso por cogérmela, llegamos directo a su habitación, nos comíamos a besos y comencé a desnudarla, le quité el patalón y entonces pude ver sus sabrosas nalgas, que se comían una sexy tanga, se la quité y comence a chuparle el clitoris, ella se recostó en la cama y abrió sus piernas, por lo que seguí lamiendo su vagina, después de un rato me detuvo, se levantó y me dijo que me recostara, entonces puso su vagina arriba de mi cabeza, eso me encantó pues podía ver su culo y su ano, tan rico que me lo quería comer, ella comenzó a mamarme la verga, así que yo seguí lamiéndole la vagina y después de un rato me estiré para lamerle el culo, noté que esto la exitó comenzó a mamarmela mas rápido, después de unos minutos, sentía que me veía, por lo que la detuve, ella sonrió y me echó encima, de inmediato metió mi verga con sus manos en su vagina, que rica estaba su vagina era una delicia, me montaba riquísimo, ella gemía muy rico, en ese momento era la mujer perfecta, pues tenía todo lo que me vuelve loco, pero la verda yo le traía ganas a su rico anol así con mi mano derecha, pasé de tocarle la nalga a frotar su ano, lo lubriqué con los jugos que salían de su vagina, hasta que le introduje el dedo, ella comenzó a gemir mas rico, y sus nalgas se movían mas fuerte, yo comencé a sentir la presión y el moviiento de mi dedo, lo que me exitó mas y casí me vengo, creo que se se dió cuenta y se detuvo, me miró a los ojos, me besó y me dijo, la tienes muy rica, estoy a punto de venirme, pero hay algo que quiero decirte, yo aún sintiendo el placer en mi pene, le dije, dime que quieres, sabes que soy casada me dijo, pero hay algo que no te he dicho, entonces le presté mas atención y ella continuó, mi esposo y yo somos swingers, el nos está viendo, yo no me percaté para nada, pero en el baño estaba su esposo masturbándose de pie, mientras yo me cogía a su esposa, en ese momento se me bajó la exitación y ella me dijo, por favor no te espantes, creeme, me has exitado bastante y la verdad tu vega esta muy rica, solo queremos realizar una doble penetración, al momento no sabía que decir, ella no se bajaba de mí, mi pene seguía dentro de su vagina, pero se estaba poniendo flácido, su marido no decía nada, solo nos veía con cara de lujuria, la verdad es que yo veo mucha pornografía y la que mas me gustan son las de dobe penetración, así que le dije que sí, entonces su marido salió del baño se presentó y me pidió disculpas, pero me agradeció por haber aceptado, estabamos todos de pie, ella se agachó tomo mi pene en sus manos y la metió a su boca, tardó un poco, pero de nuevo se me paró, l situación era rara, pero exitante,  mi me parecía ver mi pene ms grande, mide 18 cm. pero yo lo veí como de 25, en fin, después de un rato me dijo que se a metiera por la cola, como deseaba metersela por el culo, no lo dude, ella se puso en 4 y después de algunas maniobra se la metí toda, gemía mas fuerte, después de una rto, comenzó a mover su cola riquísimo, su marido aún no intervenía, así que yo aproveché y comencé a metérsela mas fuerte, ella gritaba y me decía que que rica la tenía, sus pierns temblaron y tuvo un orgsmo, retiró sus dedos de su clitoris se voltió y me sonreía de placer, pero su mirada cambió en seguida, una enorme lijuria se notaba, entonces dijo, quiero las dos adentro, su marido se acostó ella se subió en el, yo me acomodé detrás y se la metí, me apresuré porque comenzaba a ponerse flácida por lo raro de la situación, pero al metérsela ella comenzó a moverse, la verdad, el rose de los dos penes, hacia que yo sintiera mas, su culo era muy apretado, estaba gozando como nunca, trataba de no venirme, aguanté y aguanté ella gritaba como loca y comenzó a gritar que se venía, después su marido se vino primero, ufffff, almenos no quedé mal, después yo le llené el culo de leche, yo me quité, nos limpiamos y yo pretendía irme, ella me dijo que no me fuera, que su marido iba a trabajar y que la verdad quería seguir culiando conmigo, rayos, escucharla decir eso me encantó y le dije que estaba bien, así que así fué, su marido se fué una hora después, sacó ua botella de tequila y una de whisky, comenzamos a tomar, yo me sentía borracho ya eran las dos de la mañana, nos besabamos como novios, jugueteabamos, hasta que se me echó encima, me la cogí en el sillón de su sala, como era delgada, pude cargarla y con mi manos en sus nalgas la hacía ensartarse en mi verga, al final nos fuimos a dormir, yo no supe de mí, me desperté unas horas mas tarde como a las 5 am, un poco exitado, pues ella me estaba mamando la verga, pero no solo eso también me mamaba el culo y me metió un dedo yo sentí un enorme placer, estaba completamente deshinibido, no se si era el efecto del alcohol, sentía tan rico cuando me metía su dedo, lo sentia en mi pene en el culo en el ingle, era muy rico, en ese momento quería una verga para mi, entonces el marido reapareció con su pene erecto y ella me dijo, no te espantes, solo queremos agraderte, te vamos a matar de placer, yo estaba demasiado exitado, la verdad aquel placer me gustó demasiado y poco estuve de tomar la verg de su marido y metermela en el culo, ella me sacó el dedo y se acostó a un lado mió, tomó mi verga la dirigió a su cola y se la metí la envestí unas veces y ella dijo nuevamente, por favor no te espante, vas a sentir muy rico, entonces su marido se puso detrás mio de lado yo me quedé quieto, mi culo palpitaba, sentí la cabeza de su verga en mis nalgas buscando mi ano lo fué empujando hasta que comezó a entrar, cuando estuvo adentro sentí dolor, pero ella comenzó a mover su rico culo que deboraba mi verga, entonces su marido me tomó de las caderas y me la metió toda, yo grité entre dolor y placer, ella lo movia tan rico y el comenzaba a metermela mas fuerte, por un momento la mayoría de placer venía de mi culo, ella se quitó y comenzó a besarme, yo tomé las caderas de su marido y lo jalé con fueza hacía mi, quería sentir mas su verga, que llegara mas profundo, por desgracia era pequeña, lo bueno es que daba justo en mi punto g, me saqué la verga, me puse en 4 y le dije que me la metiera, el ni tardo ni perezozo lo hizo, ella se masturbaba mientras nos veía, yo estaba bien empalado y exitado me dejé caer y el se me echó encima me dió una buena sesión de reata en el culo, depues comencé a sentir incomodidad, entonces ella me dijo que venía lo mejor, se puso en 4 se la metí en el culo, y su marido me la metió, mientras yo se la metía en el culo a ella, el me la metía a mi, fue el mayor placer, riquísimo, lo mas rico que he sentido, me vine como nunca, ellos me pidieron que me quedara todo el fin de semana, cuando ella salió a comprar algo par desayunar, yo me aproveché y le pedí a su marido que me culiara, nunca me había comido una reata por el culo y no soy gay, pero la verdad me encantó, el aprovecho me trató como a una puta me puso en 4 bien abierto y me llenó de leche, ella nos encontró así cuando el se vino en mí, ell sacó la verga de el y sorbió el esperma que seguía saliendo de el y me beso, me los empujo en mi boca los probé y me los tragué, entonces ella me la mamó, yo la tenía bien parada, el se acercó y nos la mamó a los dos, ella nos dijo: quiero que se la mamen ustedes, yo lo dude, pero no se que me pasaba, estaba tan lujurioso, ella nos jaló a la cama me acostó y luego a su marido, cada uno con la verga frente al otroyo me exité y empecé a deborarme su pito, me sentía gay, me sentía puta, no se, solo se que se la mamé, hasta que liquido caliente salía, era su leche llenando mi boca, que tipo, había eyaculado varias veces y seguía aventando un montón, ella estab gimiendo de placer ante tal escena con sus dedos super veloces en su clitoris entonces avento un chorro de líquido, wuuuuaaauuuu, su marido me la seguí mamando y me vine, ella corrio y lo beso, otra vez vino a mi me beso y me dijo pruebalos tuyos, en fin, estuvimos cogiendo dos meses, algunas veces me la cogia en la oficina, otras le realizabamos dp a ella, algunas otra jorge me daba mi sesión de verga, hasta que tuve que regresar  mi lugar de origen.

INFIDELIDAD 1: EN EL TRABAJO

Detrás de esta computadora les envió muchos besos y saludos. Todos se preguntaran si este relato es real o ficción, pues les aseguro que es completamente verídico. Tras los hechos ocurridos en mi vida, pues de alguna manera deje mi lado conservadora que poseía y empecé a visitar ciertas paginas de internet, entre ellas esta pagina donde se comparten estos relatos, y atrapada por la curiosidad me interese en la lectura de las mismas; y como pueden ver aquí me tienen compartiendo mi primer relato, espero que sea de su agrado y mil disculpas si presento algunos errores de redacción. No se me ocurrió otro título para el relato, si es posible ayúdenme a ponerle el titulo adecuado jajajaja.

Por obvias razones conservare en el anonimato nuestros nombres verídicos y los lugares donde se desarrollan los hechos. Los rasgos físicos y las edades descritas en el relato son actuales (2016), pero los hechos ocurrieron en el año 2014.

Empezare diciendo que soy de Perú, me llamo SANDRA, tengo 29 años, mido 1.70 de estatura, sin exagerar tengo buenas medidas, lo que resalta más de mí, según los comentarios que he escuchado son mis senos y mis pompas puesto que las tengo bien formadas; además de ello practico algunos deportes, me gusta salir a correr, el gym, me fascina bailar y trabajo de asistente administrativo. Mi esposo se llama DAVID, tiene 32 años con un cuerpo poco subido de peso, mide 1.75 con quien llevo casada 4 años y tiene de profesión medico, aun no tenemos hijos, por otra parte esta el ingeniero CARLOS, tiene 37 años, mide 1.80, de contextura atlética y es bastante gracioso, todo el tiempo esta con sus bromas y cosas de doble sentido, a quien conocí a través de mi esposo, ya que él elaboro los planos de nuestra casa y a la vez nos ayudo en los tramites en la municipalidad porque él trabajaba allí. A Carlos lo conocí cuando íbamos a la municipalidad con mi esposo para las firmas de los documentos y todo ese rollo que exige hacer dichos trámites.

CARLOS es casado y tiene un niño y una niña a quienes conocí posteriormente puesto que junto a su esposa mi marido les invito a la fiesta cuando se termino de construir nuestra casa. La fiesta transcurrió de manera amena y entretenida, los tragos iban y venían, al igual que el baile. Fue allí donde me hizo plática CARLOS, mientras mi marido entretenido con los amigos andaba por allí, hablábamos de muchas cosas, de cosas de la casa, del trabajo, etc., en eso le dije que no trabajaba hace un par de meses, cuando de pronto suena una canción que me gusta mucho y sin pensarlo dos veces le digo vamos a bailar, mientras bailábamos seguía la conversación, en eso me dice hace una semana atrás me ascendieron de puesto ahora tengo una gerencia a mi cargo, le digo que bien me alegro por ti, felicitaciones… Seguimos bailando, medio extraño me mira como quien queriéndome decir algo, y le digo te acurre algo parece que te fuiste de la fiesta y te encuentras sentado en tu oficina de gerente, ambos soltamos grandes carcajadas.

Después de un rato me empieza a preguntar qué profesión tenía, en que lugares había trabajado y por qué no trabajaba ahora, así conversando pasaban los minutos, en eso tímidamente me dice que dentro de poco va a ver convocatorias para plazas en la municipalidad y si me gustaría trabajar allí, en un principio no me dijo que el trabajo iba a ser en la oficina de él, como su secretaria, yo le dije que por su puesto me gustaría, como te digo haces unos meses estoy de vaga y solo me dedico a los que aceres de la casa, con mas confianza me dijo vacan, ve alistando tu currículo, al decir eso me lanzo una mirada muy picara, levante la mirada y note como me veía los senos puesto que estábamos bailando.

Y soltando unas carcajadas me dijo que tendría que acostumbrarme a utilizar mini ya que allí tenían un uniforme y era obligatorio utilizarlo. Altas horas de la noche, ya la fiesta se daba por finalizado y todos se empezaron a retirar, en eso me pide el numero de mi celular y se marcha en su carro, se va solo ya que su mujer se había ido hace unas horas atrás. Ya en la recamara con mi marido bastante tomado ya no le pude contar que posiblemente vaya a trabajar dentro de poco.

Al día siguiente mi marido se fue muy temprano a hacer algunos tramites a su trabajo y de una manera apresurada me dijo que debía llevar hoy su pago del ingeniero, puesto que ayer se había ido de copas y no pudo arreglar con él, sin vacilar me arregle muy bien, recordando la conversación de ayer me puse una mini, un top y unos tacos, y salí rumbo a la municipalidad.

Ya por la calle atraje algunas miradas subidas de tono y muchos piropos, al llegar a la municipalidad el guardián se me quedo mirando petrificado y le dije en que oficina puedo encontrar al ingeniero tal, el muy amable se ofreció a llevarme hasta dicha oficina, estaba cerrado y el insistía en tocar, yo le decía de repente esta ocupado voy a esperar, el sonriendo soltando un apodo como “chimbo” le atina a llamar, riéndome le digo “chimbo” por qué, es que es de ese lugar… aya le dije, al ver que no salía, avanza unas puertas y era la puerta de alcaldía, se asoma a dicha puerta y saluda señor alcalde y hace una broma, al ingeniero CARLOS le buscan urgentemente, quien es dice el alcalde, es la policía se va a ir detenido dice, el guardián me mira y yo le lanzo una mira muy seria, se sonríe y me dice disculpe señorita, en eso sale el ingeniero, y sin vacilar pide permiso al alcalde y viene a saludarme, con un beso en la mejilla me hace entrar a la oficina del alcalde y allí me presenta, digo el motivo de mi transito por la municipalidad y en eso CARLOS le dice que acá tenemos a la futura trabajadora de la municipalidad, el alcalde se me queda mirando y me dice si gusta trabajar con nosotros las puertas están abiertas, le agradezco y en eso saca gaseosa y nos dice entonces brindemos por nuestra nueva colaboradora, me quedo lela cuando dice eso, pues se ríe el alcalde y me dice desde mañana ya puede empezar, trae sus papeles y mañana mismo regularizamos todo….

Así agradeciendo y brindando me invitaron a una inauguración de una obra, que ya mismo tenían que salir, me quede pensando y en eso el ingeniero me dice vamos anímate así vas conociendo tus funciones, ya no tenía salida subí a su 4×4 y nos fuimos, al llegar a la obra, pues ya era toda fiesta, creo que allí me pase un poco de copas y llegue algo mareada a mi casa, para mi buena suerte mi marido tenia que trabajar hasta el día siguiente, cosa que llegue a casa me di un baño y empecé a redactar mi currículo para el día siguiente, aliste todo los originales y pues deje listo y me fui a dormir…

Muy temprano llego mi marido y se sorprendió al verme en minifalda y bien arreglada, se quedo lelo y me dice a que fiesta te vas, nada de fiesta le digo, desde hoy voy a empezar a trabajar, así y donde me dice, en la municipalidad, y eso, pues ayer estaba de suerte el ingeniero me presento al alcalde y aproveche para conversar por un puesto de trabajo, a mira tú me dice mi marido, eran las 7:20 am, pero ni creas que te vas a ir así no mas, en eso se acerca me empieza acariciar, besar y terminamos haciendo el amor en la sala…

Me hacia tarde y apenas salí de mi casa tome un taxi y llegue diez minutos tarde, el ingeniero estaba sentado muy serio y en cuanto me vio se le llena de sonrisa la cara, me recibe y me hace pasar a su oficina y me muestra el lugar donde voy a trabajar, así transcurrieron seis meses entre el trabajo y algunas veces saliendo a las fiestas con los compañeros de trabajo, a inaugurar las obras y demás invitaciones que tenían el alcalde y el ingeniero, siempre el ingeniero me llevaba en su carro, no sé como sucedió pero la confianza llego y nos bromeábamos a decir basta, nos contábamos nuestros problemas y cosas que lo podías compartir con alguien de tu extrema confianza, hasta ya me llevaba a mi casa en su carro, eso sí sin que mi marido supiera nada, pero de allí no pasaba a más.

Con mi marido tuve algunos problemas desde que empecé a trabajar teníamos discusiones y se comportaba distinto conmigo, hasta que al mes siguiente me entere que me era infiel, al principio no lo creía ya que tenía una amiga donde él trabaja ella me puso al tanto de todo, ella me daba los detalles de todo y así hizo que le encontrara infraganti siéndome infiel, a raíz de ello le bote de la casa y se fue a vivir en sus padres, esos días me sentí terrible era como si el mundo se me viniera encima, falte dos días al trabajo y en eso me llamo el ingeniero y le conté lo que me sucedía y me dijo que lo sentía y si nos encontrábamos para conversar, como no tenia ánimos para nada, le dije que no, que quería estar sola y que renunciaba al trabajo, bueno lo acepto por el celular y me despedí.

Todos los días venía mi marido pidiéndome perdón y queriendo conversar y no le hacia caso, por unos días me fui en mis padres y ellos me aconsejaban que tenia que volver, y a la vez perdonarlo, no lo podía dejar pasar así por así, lloraba todas las noches y entre llantos conciliaba el sueño, a la semana siguiente, para ser mas exacto el domingo 16 de noviembre del 2014 regrese a mi casa y encontré a mi marido allí, no le dije nada me pase al cuarto de huéspedes y allí me instale, de alguna manera ambos compartíamos la casa, pero no le atendía en nada, en resumen es como si fuéramos personas ajenas, como si ambos alquilábamos la casa por separados.

Después de estos preámbulos empiezo con el relato INFIDELIDAD 1: EN EL TRABAJO, con todo y tristeza pase mi cumpleaños (15/11/14) con mis padres y algunos amigos, y ya cuando me iba a acostar como a las 11:40pm suena mi celular pensé que era mi marido que llamaba con otro numero no conteste, así llamaba como tres veces y luego dejo de timbrar, pasados unos 10 minutos de nuevo empieza a sonar mi celular, molesta agarro y contesto muy seria, digo Sí casi gritando, y del otro lado me dice dulcemente Feliz cumpleaños SANDRITA, era el ingeniero, toda apenada le digo discúlpame por gritarte, después le digo gracias, y me pregunta como la pasaste y por qué no le invite, bueno riendo le digo será para la próxima, me dice y mi torta, bueno la torta te lo traigo el lunes, mañana domingo regreso a mi casa, y sin molestarte le dije tu crees que aun puedo regresar al trabajo, tu crees que el alcalde me reciba de nuevo, y en eso se sonríe y me dice no te preocupes acá siempre vas a tener las puertas abiertas, ya mas contenta le digo gracias entonces el lunes te caigo en la oficina, esta bien te estaré esperando, nuevamente le agradezco y no te quedaras con el antojo te llevare la torta, nos reímos y me dice que descanses cuídate, y para mi sorpresa antes de colgar me dice descansa y un beso, me quede sorprendida y le dije igual… y ambos cortamos…

El domingo como a las 10pm llegue a mi casa estaba bastante cansada por el viaje y apenas entre me fui al cuarto de huéspedes puse el seguro, tire mi equipaje y me eche en la cama quedándome dormida, me desperté como a las 2 de la madrugada, me cubrí y así me dormí como hasta las seis de la mañana me levante y encendí la luz, ya todo el viaje había pasado por mi mente tener un encuentro con el ingeniero, entre mí me decía ojo por ojos y diente por diente; me sonreí para mis adentros, fui a preparar para bañarme, llene de agua el jacuzzi y empecé a desvestirme, ya desnuda me mire en el espejo de mi ropero, tocando mis senos cerré los ojos y mi mente voló a la oficina de CARLOS y girando un poco me di una nalgada y dije en voz alta esta torta hoy va ser decorada y comida por alguien diferente a mi marido y sonreí jajajaja, me fui al jacuzzi me sumergí allí bañándome pasaron por mi mente muchas cosas, si ir o no a la oficina, si debo o no llevar adelante lo que hace días se apodero de mi mente, en eso veo mi celular ya eran las 7:10am, apresurada termine de bañarme, al levantarme el agua goteaba por mi cabello y mi cuerpo, me vi en los espejos del baño y ya muy decidida nuevamente se me escapo la voz y dije: CARLOS hoy voy decidida a todo seré tu mujer en tu oficina….

Salí desnuda del baño y abrí los cajones de mi ropero en eso encuentro un hilo dental de color rojo, un sostén transparente también del mismo color, que no los había utilizado nunca, me puse el hilo y pensándolo dos veces guarde el sostén, sólo me puse mi blusa, un conjunto sastre saco y minifalda, finalmente unos tacos de tipo sandalia, me tome un par de vasos de jugo de naranja y unas tostadas, me asee y metí mis labiales, accesorios y mis gafas a mi cartera y salí a toda prisa, me cruce con algunos vecinos (as) y saludándoles pase apurada tome el taxi y rumbo al trabajo, al subir a toda prisa ni me percate, me había subido en el asiento del copiloto, y el taxista se me quedo mirando de pies a cabeza, así durante el trayecto miraba de reojo mis piernas, mis senos, yo disimulaba y atine a sacar mi labial y empecé a acicalarme y a pintar mis labios, elegí el color rojo, pague el taxi y baje apurada, salude al guardián y con mucha alegría me dio la bienvenida de nuevo y como era obvio se quedo viendo mis nalgas mientras pasaba por delante de él, voltee y apresurado se dio la vuelta, volteando me sonreí y proseguí mi camino, me extrañaba que no hubiera mucha gente en sus oficinas ni en los pasadizos y directamente me fui a la oficina de CARLOS.

Al principio quise tocar la puerta, pero gire la chapa y entre suavemente como quien darle una sorpresa, estaba sentado frente a su escritorio con la cabeza gacha revisando unos planos, el sonar de mis tacos lo alerto y apresuradamente levanto la cabeza y dejando todo se levanto vino a saludarme, me beso en la mejilla y me abrazo, me sentí totalmente extraña le abrace con mucha fuerza y me eche a llorar en sus brazos, me decía palabras de aliento, ya luego mas confianzudo me dijo tranquila bb ya no llores no eches a perder tu belleza, estas muy guapa y todo esta en su lugar y a pedir de… allí hizo una pausa y un poco que quiso desviar el tema y me dijo cálmate ya paso, yo insistí a pedir de que dilo sin miedo, bueno a pedir de boca, me sonreí y le agradecí, un poco que me puse nerviosa y no sabia como seguir, le dije y bueno por donde empiezo cual es el trabajo de hoy y por que no están los empleados y hay poca gente, bueno me dijo, hay un inicio de obra y por no trabajar todos se fueron dice a poner la primera piedra jajajaja ambos reímos, bueno y nosotros trabajamos o nos tomamos el día libre, él se puso serio y me dijo cómo recién llegas y ya quieres día libre, me dejo fría con ese comentario, atine a decir entonces por donde empiezo, ponme al corriente del trabajo que tengo que hacer, burlonamente se carcajeo y me digo no nada de eso, que bueno que hayas venido, tenemos que celebrar tu cumpleaños y ademassssssssssss prometiste traerme la torrrrrta, si verdad le dije, me ponía mas nerviosa cada vez, y pensaba que no debía estar allí y quería dar marcha atrás y salir, pero en eso va casi corriendo a su armario y saca dos paquetes uno de regular tamaño y el otro mas pequeño envueltos en papeles de regalo y me besa nuevamente en la mejía y me dice feliz cumpleaños SANDRITA.

Los recibo y le digo gracias y le abrazo y le beso en la mejía, busco donde poner los regalos y me dice abre el más grande pero el pequeño lo abres después, cuando yo te lo pida, y eso por que le digo, y me dice eso no se pregunta sólo obedece a la gente mayor y verás que bien te va ir en la vida, reímos y empiezo a abrir, me doy con la sorpresa que era una laptop, me dice espero que te guste no sabia que regalarte, le digo esta bien muchas gracias, y para voltear ya no estaba, después sale del baño con un ramo de rosas y una botella de vino, asu me quieres matar aquí con el vino, no lo tomes así me dice sino gustas no lo bebemos, no te preocupes sirve un poco, en eso busca y sucede que no había copas ni vasos, se puso rojito y disculpándose quiso salir a conseguirlos, no hay problema lo tomaremos de otra manera, y riéndome me fui al sofá que había allí para los visitantes, destapo y pues lo tomaremos a pico me dijo, no hay de otra le dije, prende tu laptop me dijo y pon música así lo hice y traía mi usb en la cartera y puse del grupo 5 que es un grupo de cumbia de Perú, salud me dijo la cumpleañera que de el primer sorbo, tome la botella y tímidamente estaba llevando el pico a mi boca en eso me lo mueve un poco y cae vino por mi cara y rueda de prisa por mi cuello y llega a mis senos, y le digo oye que te pasa, lo siento me dice solo quise hacerte una broma pero se me paso la mano, en eso a él también le hecho un poco de vino en la cara y así riendo se acerca y me da un beso en la boca, yo me sonrojo y me retiro apresurada me pongo de pie, no le digo, que haces, se pone en pie y se me acerca y me dice tranquila me vuelve a besar y me toma de la cintura, ya mas suelto me dice relájate mi amor no sabes como espere este momento para …. a fondo.

He de decir que siempre se le salían las groserías y no fue la excepción en ese momento, eso no me gustaba de él, pero no se qué paso ese día que apenas soltó algunas me éxito mucho y no le reproche nada, retomando y este momento para que le dije, te vas a molestar mi bb mi preciosura me dijo, para que… insistí, poniéndome de espaldas a él me dijo al oído mientras mordía mis orejas y besaba mi nuca me dijo he esperado este momento para cacharte a fondo mi amor, para culearte sin descansar bb, solté un suspiro, mi rostro se sonrojo y mi cuerpo ardía totalmente excitada y al darse cuenta que no me moleste por lo que dijo siguió mordiendo mi nuca y seguía diciéndome que el día que te vi por vez primera cuando viniste junto con tu marido a esta oficina para firmar los papeles no sabes las ganas que me diste, quise votar a tu marido y cogerte al instante, no sabes las noches que he soñado con besarte acariciar tu culo darte harta pinga, yo no decía nada tan sólo suspiraba y cerraba los ojos estaba excitada como nunca, no sabes bb el día que terminaron tu casa en la fiesta como me moría de ganas de quedarme contigo, apuesto que tu marido muy borracho se quedo dormido y no estrenaron los rincones de tu casa, de quedarme te hubiera sacado a la calle y desde la puerta te hubiera llevado por cada rincón de la casa con la pinga dentro de esa rica conchita que debes de tener y este culito que debe moler bien, mientras los apretaba con fuerza…

Dándole un empujón le dije oye que te pasa, se asusto pensé que todo quedaba allí y para remediarlo agache la cabeza y me reí, y se fue a sentar a su escritorio y me dijo y donde esta la torta que me prometiste, me apetece comer una rica tortita, pues yo muy excitada y relajada le dije te traje una torta muy especial, pero eso si tienes que prepararlo todavía, decorarlo un poco y luego comértelo, asu como así me dijo, en eso empecé a quitar los botones del saco, me miraba muy excitado y me dijo quítatelos despacio, quédate en interiores y con el taco puesto, comencé por quitarme la minifalda y al verme en hilo soltó una palabrota, ahhhhh mira te vez toda una putita, sin saber que decir tan sólo le tire la mini y luego me saque el saco y me quede parada frente a él, disimulaba pero sé que ya se había dado cuenta que no llevaba sostén, y la blusita me dijo, eso no puedo, a no puedes me dijo separo su asiento de su escritorio y me ordeno que vaya hacia él, me dijo ponte tus gafas y toma el cuaderno de apuntes, quiero a mi secretaria toda una profesional sin dejar ningún detalle, ni bien llegue a su lado me dio vuelta y me dijo que rica te vez, que culito que tienes, tu marido es un cojudo al sacarle la vuelta a este culito, en eso tiro al suelo su bolígrafo y yo de prisa me agache a levantarlo y así agachada le dije titubeando: hoy mi culito va ser tu torta, dilo mas fuerte mi amor, mi putita linda, nuevamente repetí: hoy mi culito va ser tu torta, así me gusta mi amor, mira como lo pusiste a la vela, hay que alistar la tortita para poner su velita…

Seguía agachada cuando de pronto me da unas mordidas en ambas nalgas me dolió mucho que grite fuerte y me incorporé de prisa y le grite que te pasa oye pendejo, y al girar ya estaba de pie, con mucha fuerza me volvió agachar y me dio dos nalgadas fuertes en ambas nalgas, silencio bb me dijo que estoy amasando la torta así es que no te quejes que tengo mi estilo de preparar la torta, en eso sentía que unas lagrimas se me caían por la cara pero mi cuerpo ya estaba que quemaba y se combinaba entre dolor y excitación, tan sólo dije: tienes unas manotas y me gusta que me des de nalgadas, (mi esposo nunca lo hacía, por eso que al principio sentía dolor y brotaron algunas lágrimas), no solo las manos mi amor, ya sabes que tremenda vela va a tener la torta. En eso me gira hacia él y de un tirón vuelan todos los botones de la blusa y dice que ricas tetas y ese pezoncito, sin medir más palabras las toca y están muy duras que putita eres mi amor estas que ardes y que pides pinga, vamos mi amor pídeme pinga me dice; no seas grosero le digo, vamos mi amor sigue mi ritmo contágiate conmigo y olvida la mojigatería que conservas con tu marido, de seguro a su amante le dice estas palabras, ahora estas con tu verdadero macho, tu cachero, quien te va a partir la concha y ese rico culito……. Cuál culito le dijo, y se ríe, ya con la cara que me delataba pues la tenia totalmente roja y ardiendo, decidí seguir su juego de palabras, empecé diciendo esta bien mi amor, he venido decida a todo desde que estaba de regreso de mi viaje ya pensaba en este momento, hoy en el jacuzzi, mientras me vestía, y venía para aquí ya quería ser tuya, pues aquí estoy mi amor, mira que ricas tetas empezó a chuparlos con fuerza ambas, mientras me apretaba el culito con ambas manos y jugueteaba con mi hilo, las jalaba hacia arriba y al apretar con mi conchita la excitación subía, mientras yo atinaba a jalar de sus cabellos y apretar su cabeza hacia mis senos y ya suelta y excitada, le decía así mi amor, chúpame que soy tu mujer, me gusta lo que me dices soy tu …. Dilo mi amor me dice, soy tu putita mi amor le digo, que rico mi amor insiste vez como no cuesta ser natural eres muy putita, mi putita, me tienes al borde de correrme, en eso se separa un poco para empezar a desvestirse, llevaba un polo color blanco, unos jean y unas zapatillas.

Espera le digo, déjame hacerlo, me acerco le beso mis brazos pequeños no alcanzan cubrir su espalda, el me corresponde y le saco mi lengua no pierde tiempo y hace lo mismo, me sorprendes mi amor, eres muy apasionada y toda una loba, le beso y le digo para que veas la loba que tienes que domar, haber si puedes, le quito el polo tiene unos pectorales y unos brazos muy fornidos le beso las tetillas, las lamo y atina a decir que rica lengua mi amor, así mi putita, mi cacherita, cual cacherita le digo, vamos mi amor haz prometido seguir el ritmo, esta bien, insiste esta bien qué, esta bien mi amor y mi cacherito, así bb que sea el uno para el otro, se sienta en el sillón de su escritorio y se quita las zapatillas, se para nuevamente, yo apresurado le saco el cinturón y de golpe bajo sus jeans, le dejo con el interior por un momento, era un bóxer de color negro, luego le bajo lentamente y una considerable pinga se muestra a mis ojos, de largo tenía unos 18cm, 3cm más que el de mi marido, lo que me dejo admirada fue que era muy gruesa, así parados nuevamente empezamos a besarnos me apretaba hacia él y su pene rozaba mi barriga, al odio le dije que sacara su preservativo me dijo que no tenía que quería cacharme sin preservativo, estas loco le dije, anda no seas mentiroso saca tu preservativo o no hay nada, así no vale dijo que chantajista eres, en eso me dice saco mi preservativo y te la comes primero con tu boquita rojita, esta bien le dije, abre la caja de su escritorio y allí había como tres paquetes, asu mira tú se ve que ya me esperabas preparado, así es bb, siéntate le digo, no me dice, ponte de rodillas mi amor y comételo ándale quiero sentir esa boquita, no me va a caber susurro, me pongo de rodillas él se queda parado, quedo a su frente su pinga apuntando hacia a mí le tomo con una mano y tan solo lo cubro mitad con las dos manos le empiezo a frotar empiezo adelante atrás, adelante atrás con mis manos, ahhhhhhhhh susurra vamos mi amor comételo quiero sentir tu boquita, lo dirijo a mi boca abro lo más que puedo y entra mitad empiezo a jugar con el mete y saca así bb me dice que rico lo haces, en eso me lo empuja hasta el fondo llega hasta mi garganta, me hace atorar y me hace toser oye bruto le grito, calla putita sigue chupando me dice como me gustaría tener a tu marido sentado en ese sillón para que vea como se desquita su mujercita, me rio para mis adentros y sigo chupándole me toma de mis cabellos y pone el ritmo de mis movimientos, te gusta mi amor me pregunta, si me gusta le digo, dilo completo amor, si mi amor me gusta tu pinga empiezo a meterme mas adentro y se sorprende y le digo apuesto que tu mujer no te lo hace así, sigo metiendo mas y chupo sus huevos uno a uno los lamo, ya estaba fuera de mí cerraba los ojos y degustaba chupárselo en eso abro los ojos y levanto la cabeza me estaba filmando con su celular, vuelvo en mí y me levanto oye que haces le quito el celular desesperada le pido que borre, me toma de la cintura y me dice cálmate, bórralo insisto, no pasa nada es solo para verlo no pienses mal, le miro y no sé que morbo me pico le beso y le digo ya hazme el amor, así no bb, ya métemelo papi, quieres pinga me grita, si dame tu pinga, se aleja un poco y gira su laptop y pones celular en un soporte y puso cámara de nuevo, el muy pendejo todo el tiempo me había estado filmando con su laptop de razón no lo veía su laptop en su escritorio, estaba sobre un armario, apágalos le digo, se acerca y no me dice nada con fuerza me agarra y me agacha ven aquí me dice no te quejes.

Ya mis senos sobre su escritorio y mis culito a su vista y yo en pie me da unas nalgadas que rico culito mi amor los besa con mis manos atrás trato de quitarme mi hilo, agarra con fuerza mis manos y dice no te lo voy a quitar quiero culearte así, en eso separa mi hilo a un costado y siento su lengua en mi conchita que ya estaba bastante empapado aahhhhhhhhhh así mi amor sigue así mientras recorría mi clítoris, en eso de golpe siento la punta de su lengua en mi ano, no le digo, muevo mi culo no hagas eso, les juro que mi marido nunca me lo ha hecho, pero con fuerza me agarraba el culo y lo metía mas y mas lo lamia y le deje hacer ya no me apuse, se sentía muy rico daba cosquillas y a la vez excitaba más, riéndose me dice eso es para partirte por allí, no molestes le dije, ya no aguantaba quería ese enorme pinga me daba miedo y a la vez lo quería, me eche en su escritorio él se ponía el preservativo, me levanto las piernas a su hombro y empezó a jugar con mi vulva y su pinga, mira lo que te vas a comer decía, a la vez excitada y nerviosa por el grosor espero moviendo las nalgas, empieza a empujar no entra en los primeros intentos y siento dolor al ver que forzaba en eso de golpe empuja y entra solo la cabeza y me hace gritar, suelto un ayyyyyyyyyyyyy creo si alguien estaba pasando por fuera de la oficina lo abra escuchado, con mucho dolor atino tan solo a cerrar la boca y a acariciar mi conchita, y el me mira con mucha malicia y empieza el mete y saca lentamente, así mi putita te quería ver y tener así, que rica concha tienes mi amor como aprieta, cerrado la boca seguía gimiendo procuraba no hacer mucho ruido y el aceleraba el mete y saca me sentía en otro mundo me estiraba toda la concha de a poco fue pasando el dolor y sentía mi conchita mas lubricada poco a poco empezaba a mover mi culito de arriba hacia abajo, en sus ojos veía alegría y su rostro estaba en la gloria, quien diría mi amor que terminaríamos así el día que viniste con tu marido y esa seriedad te veía muy lejos pero ahora te tengo atravesada se ve que tu marido no te estira la conchita lo tienes como sin estrenar o no le gusta cacharte es un pobre tonto como a semejante culito le va a sacar la vuelta.

Con los ojos cerrados escucho todo y me arrecha al máximo todo lo que dice que en ayyyyyyyyy y sigue mi amor le animo, cuando de pronto acelera sus movimientos y el chocar se su pelvis con mi culito hace ese rico sonido de plash plash plas, que rico mi amor sigue me gusta ayyyyy como me tienes soy tu mujer tu putita, ya no sé ni lo que decía pero estaba muy arrecha en eso se detiene y se sienta se acomoda el condón y me dice ven móntame putita, antes de sentarme me siento en sus piernas y le beso muy apasionadamente le saco mi lengua y le abrazo con toda mi fuerza aunque mis brazos no le cubren del todo el igual me abraza me besa sentimos el fuego de nuestras bocas en eso me suspende al aire y allí paso uno de mis piernas al otro extremo y me hace sentar en su pinga sufrimos un poco para que entre, lo tomo mis manos y lo hago entrar y nuevamente suelto un ayyyyyyyyyyy le atino a besar para que no se escuchen mis gemidos y me quedo sentado sobre su pene seguimos besando y le digo chupa mis senos, si mediar palabras lo empieza a chupar y los aprieta con sus manos, muerde suavemente mis pezones y hace que me arreche mucho mas, de pronto empiezo a subir y a abajar y nuevamente nuestros cuerpos emiten ese rico sonido, así subo y bajo agarrándome de su cuello y luego apoyándome en sus rodillas me sentía en el paraíso subía y bajaba le decía así papi que rico me cachas, soy tu hembra te gusta como te cacho, sí mi putita me gusta como eres que rico mueves ese culito, entre tanto con sus manos los subía y bajaba y el hilo estaba ya casi por romperse.

Luego me dice para darme la vuelta, me pongo en pie y antes de girarme me da unas fuertes nalgadas y me muerde muy fuerte el culo que termino diciendo ayyyyyyyy tonto giro y le doy una cachetada tan fuerte que me ardió hasta las manos, me sonrío y se estaba sobando, me volteo y me hace sentar con fuerza y al ido me dice ahora vas a ver putita te voy a partir la concha y se me mueve con fuerza que empiezo a gritar sujeta mis senos y se mueve con al fuerza que termino rendida y me quedo sentada sobre el me besa la espalda y me da pequeñas mordidas y siento su aliento caliente me volteo y me acerco para que me bese y así sentada sobre el con su pinga hasta el fondo seguimos besándonos, me dice ahora si viene el plato fuerte, me levanta y en pie me suspende al aire y allí me lo mete y me aprieta con fuerza en pie me bombea con fuerza que ya me había corrido como dos veces y mis jugos resbalaban ya por mis muslos, su pinga y alrededor ya estaban bastante empapados.

Me pone boca abajo mis senos apoyados en el vidrio de su escritorio y me sube una rodilla al escritorio sin mediar palabras me lo introduce y me bombea aceleradamente y allí si me hacia ver las estrellas ayyyyyyyyyyy me partes mi amor, así con mas fuerza métemelo todo soy tuya soy tu putita que rico papi, me toma de los hombros y se mueve como una máquina y ya no me importa si me escuchan o no por fuera, empiezo a gritar y gemir ayyyyyyyyyy ahhhhhhhhh así papi, el bufando me dice te gusta putita, así se culea a una putita como tú, conmigo vas a olvidar a tu marido, toma pinga putita, acelera sus movimientos.

En eso suena su celular, quien molesta dijo, asu es el alcalde dice, yo me desespero esta aquí pregunto, señor alcalde dígame, como estaba en altavoz se escucha fuerte, el alcalde dice que paso “chimbo” por que no vienes ya deberías estar por aquí, disculpa señor alcalde no me percate de la hora estaba revisando algunos planos, además la señora SANDRA llegó y pues esta poniendo todo en orden en la oficina y me urgía terminar el plano señor, y por que no se vienen para acá, si hoy podían darse el “día libre” jajaja, si señor pero se me fue la hora qué hora son, ya iban a ser las 11:40am, creo que ya no llegamos señor alcalde ya trabajaremos de horario corrido, en eso me hace una seña y se sienta, aleja el celular lo mas que puede se acerca a mi oído y me dice disculpa mi amor no quiero que se enfrié este momento chúpame la pinga amor mientras despacho al alcalde jajajaj, él sentado va hablando, me pongo de rodillas le empiezo a chupar la pinga hago mil cosas para que se note diferente su voz y si que se controlaba bien, eso me dio morbo, del otro lado hola esta Ing. Si señor dígame, bueno entonces me tienen que hacer un favor de la obra tal han llamado insistentemente y quieren que se los lleven los materiales restantes lo mas pronto posible, que te apoye la señora SANDRA en el control y el conteo de los mismos, ya que los carros están por acá, por favor Ing. con su carro llévenselo, esta bien señor alcalde, pero ahora mismo los de almacén que carguen y te llevas a tal y a tal para que lo descarguen, esta bien señor no se preocupe ahora mismo lo acelero, gracias pero apresúrense, ok… se corta la llamada.

Amor tenemos que correr, lo que estaba chupando me paro tu mas bien apúrate por correrte, ya con mis dos pies en el piso agarra mi cintura y me lo mete hasta el fondo ayyyyyyyyyyyyy se queda quieto con su pinga adentro de mí siento sus bolitas en mi concha, que rico papi como me arrechas, me alocas soy tuya, en eso lo saca y lo pone en la entrada de mi ano, le digo que no, el insiste y empieza a empujar, no por favor le digo, si te va a gustar insiste, la cabeza quiere entrar me duele y me incorporo y le digo que no, me pongo seria y le digo que no, que ya basta si sigue se termina aquí, me abraza y me besa, me pone boca abajo y esta vez arranca mi hilo dental y me lo acerca a la boca, riéndose me dice para que no se escuche tus gritos putita me los pone en la boca y me empieza a bombear, me agarra de la cintura y se mueve con fuerza toma leche mi amor, que rico culo mi amor como me gusta asíiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.

Ya no me aguantaban las piernas, ya me temblaban, lo hace muy rápido se sale y saca el condón y toda su leche termina sobre mis nalgas y mi espalda, lejos de molestarme me gusto sentir las gotas calientes que salían se corrió como cuatro chorros bien cargados, luego se deja caer sobre mí, me aplasta y me besa en la nuca me dice estuviste genial mi amor, por la cantidad de leche riéndome le digo: hace cuanto que no exprimen, ambos nos reímos, empieza a limpiarme, mientras soba mi culito, ay tonto me has mordido fuerte, se habían puesto morados las mordidas, me dice es un recuerdo de tu cachero, deberás mi amor tienes un culito que es para hacerle un monumento, me hubiera gustado darte por allí…

Me carga y me lleva al sofá y nos recostamos, allí tomamos unos sorbos de vino, hay que terminarlo me dice, entre caricias, besos terminamos el vino, mientras le pregunto es lejos para llevar los materiales, es una comunidad esta casi a una hora con el 4×4 y caminaremos como 20 a 30 minutos, sabes amor quiero estar sólo contigo no quiero llevar a los de almacén, estas loco como voy a ir con la blusa rota, y en tacos hasta allí, a los de almacén les diré que vayan cargando y tú puedes ir con taxi cambiarte a tu casa, no quiero ir a mi casa, puede estar mi marido, no quiero encontrarme, entonces mientras van cargando vamos a comprar algo de cambio para ti. Está bien le dije.

Lo que nunca me sentía liberada sin prejuicios al haber estado recostada desnuda y haber cachado con otro hombre, me sentía aliviada y en eso paso por mi mente mi marido, aunque con un poco de culpa, pero ya lo había hecho y sí que lo disfrute, me pregunta en que piensas, en nada le digo le beso y me voy al baño así desnuda y el se queda mirándome y volteo, me sonrió y le bailo como un striptease y bajando mi culito de cuclillas lo muevo lo mas sensual posible, y se ríe…………. Me dice que putita eres, y me entro a los servicios.

Ya en los servicios un poquitito mareada por la botella de vino que terminamos, me pongo a pensar en todo lo sucedido, me siento muy apenada que haya decidido pagar con la misma moneda, pero fue lo que mi impulso y la desilusión de ser engañada me empujaron a hacerlo. Me ardía mi culito y veo en el espejo las marcas de las mordidas, sí que estaban bastante moraditas…

Al salir él ya había apagado su celular y su laptop, y tenia en la mano el paquete chico que faltaba por abrir, riéndose me dice creo que es oportuno este regalo, por que te va a ser falta, tenia en su mano mi hilo roto, se sigue riendo que descarada eres que pierdes el hilito, de un tirón le quito trae aquí mira lo que has hecho ahora que me pongo, abre tu regalo me dice, lo abro y me doy con la sorpresa que era un hermoso conjunto de lencería: hilo y sostén transparentes de color negro, me quede muy impactada por lo bonito que se veían, me gusto mucho mas que la laptop jajajajaja mentira ambos regalos fueron muy agradables.

Entre tanto yo me ponía el conjunto recién regalado, el me miraba como me vestía, mientras estaba en los servicios el ya se había vestido por completo, así no vale le digo yo también quería ver como te vistes, jajajaja se ríe, empiezo a ponerme el conjunto de lencería, como me veía trataba de matarlo de excitación entre bailes sensuales empiezo a vestirme, me dice: vas a ver mi amor aprovéchate en matarme de las ganas, que sino estuviéramos apurados ya te estaría cachando de nuevo, jajajaa me río pues sigue sufriendo jajajaj, sigo con mi blusa sin botones se veía todo el sostén, después me pongo la mini y finalmente mis tacos, ya estaba bien vestida, pero que hacer para que no se me viera las tetas, pues el sugiere que lo engrampáramos y así lo hicimos, ya abotone el saco y pues en algo se alivio, reitero como nunca me sentía liberada sin prejuicios al haber estado recostada desnuda, haber cachado con otro hombre y encima que me esté viéndome vestir, se para y me agarra y me empieza a besar y me mete su lengua y yo le correspondo, ya mi amor voy a decirles que carguen y regreso para ir a comprar…

Espero que les guste este relato, no es copia, mucho menos invención, sucedió realmente. Sé que es bastante extenso, pero ameritaba dar los detalles puesto que es el primer relato y no quería dejar de lado los acontecimientos completos, ya los próximos los tratare de resumir, pero han de saber que me cuesta mucho resumir las cosas, siempre me gusta contar todo a puro detalles jajaja pido su comprensión.

Espero sus comentarios al correo, y muy pronto escribiré la continuación de este relato, que ya serán en uno nuevo, les contare lo que sucedió al ir comprar, al llevar los materiales y como terminamos la noche o el amanecer jajaja ¿Quién sabe lo que sigue? jajajaja, ya es cosa de otros relatos… espero sus comentarios y me pidan las demás partes. BESOS A TODOS………… SU AMIGUITA “SANDRITA”, MACHOS PIÉNSENLO BIEN ANTES DE SERNOS INFIEL, QUE LES PAGAREMOS CON LA MISMA MONEDA, VERDAD CHICAS JAJAJAJA…

Recuerdos de la primera vez

—Joder tío, una de las cosas que más echo de menos de España es la comida. Estoy harto de sándwiches, pescado frito y galletas de avena y mantequilla.

Los tres reímos ante ese espontáneo comentario de Jose, mientras moja una de esas galletas en la humeante taza de té con leche que hay frente a él.

—Si solo fuera la comida… –contesta Marcos, desmenuzando la galleta con los dedos y retirando así, las menudas pasas que la decoran– Yo echo de menos a las mujeres, aquí son frías como vigas de acero.

Volvemos a reír, sintiéndonos identificados con su argumento.

—Pero aquí estamos –enfatizo alzando mi taza y cogiendo una galleta del plato–, tomando el consabido té con pastas y follando con mujeres que se asemejan a vigas de acero.

Mis amigos asienten resignados, aceptando la cruda realidad.

—Lo único que me consuela es que cuando llegue a España pienso recuperar el tiempo perdido, perderme en una playa a orillas del mediterráneo, con una cerveza en la mano, una tapa de calamares y una hermosa mujer morena haciendo topless a mi lado –prosigue Jose con la boca llena.

—Ese es el sueño de todo hombre –le secunda Marcos–, Todavía recuerdo como llevaba a mi novia de juventud a la playa y follábamos en el agua, disimulando para que nadie nos pillara.

—En el agua, ¿eh? –asiente Jose– Me lo apunto. Aunque eso no es nada comparado con lo que hice yo, ¿sabéis que mi primera vez fue en los vestuarios de una piscina pública?

—No jodas –dije arqueando las cejas.

—Fue con Carolina Hurtado, la tía más gorda del instituto, pero estaba necesitada, así que le di su dosis de carne en barra; soy todo un semental, ya me conocéis.

Dejo de comer para carcajear a gusto.

—Mira que eres bruto –comento asestando el segundo bocado a mi galleta con sabor a alpiste.

Jose se encoje de hombros y da un pequeño sorbito al té, alzando al mismo tiempo su dedo meñique.

—Pero como veis me he refinado con la edad, ahora destilo clase por todos los poros de mi piel.

Marcos niega risueño con la cabeza.

—Tú no destilas clase por cada poro de tu piel –procede sin dejar de mirarle–, lo que destilas es un extraño efluvio a coliflor hervida.

Los tres rompemos a reír a mandíbula batiente, la gente del local nos mira por el volumen de nuestras carcajadas, pero no nos importa; los españoles siempre estamos dando la nota.

—Di lo que quieras, pero mi efluvio, como tú lo llamas, no me impide irme a la cama con cualquier mujer que me proponga. Aunque ahora no quiero entrar en eso, me gustaría saber cuál fue vuestra primera vez, ¿dónde lo hicisteis?

—Puffff… Hace tanto tiempo que ya ni lo recuerdo… –dice Marcos emitiendo un largo suspiro– Creo que fue con mi vecina, en el rellano de la escalera. Recuerdo que se parecía a Ana Torroja cuando era cantante de Mecano, ¿os acordáis cómo cantaba Maquíllate? Siempre me ha puesto cachondo.

Ante su comentario no podemos refrenar una nueva carcajada.

—Ana Torroja… –suspiro con incredulidad– Lo tuyo no tiene nombre.

—Di lo que quieras, Ana tiene su morbo y lo sabes. Por cierto, Leo, ¿cuál fue tu primera vez?

Emito un bufido mientras me recuesto en el respaldo de la silla en actitud cansada.

—No creo que esté preparado para hablar de eso, me temo que os sorprendería demasiado mi primera vez…

—¿En serio? ¿Crees que somos impresionables? ¡Vamos, tío, dinos! –espeta Marcos con impaciencia.

—Pues mi primera vez fue… fue… distinta…

—¡No seas cabrón! ¡Habla de una maldita vez, joder! –me increpa Jose; no soporta el misterio y conociendo su debilidad, me encanta picarle.

—Está bien, está bien… os lo explicaré, pero lo haré a mi manera, exponiendo las cosas en su contexto, en lugar de revelaros la sorpresa del final.

Jose niega con la cabeza y mira a Marcos fijamente.

—Odio a este cabronazo, ¡siempre nos hace lo mismo!

Marcos se echa a reír y añade:

—¡Venga, habla! que nos tienes en ascuas.

 

Cojo aire y recorro el techo con la mirada, adentrándome al mismo tiempo en los recuerdos de mi mente. Una vez logro poner en orden todos los sucesos omitiendo la impaciencia de mis amigos, procedo con la explicación:

 

—Siempre recordaré el 21 de agosto de 2002  porque fue, sin lugar a dudas, el día más especial de mi vida.

—¡¿No puedes ir al grano de una maldita vez?! Solo queremos saber con quién y dónde, no creo que haga falta una explicación al detalle.

—Lo haré a mi manera, así que si queréis saberlo, tendréis que esperar.

—Estoy por levantarme e irme –comenta enojado Jose, y no puedo ocultar la risa por su reacción.

—¡Cállate tío! –le reprende Marcos– Yo quiero oírlo.

Jose suspira y vuelve a relajarse en su asiento, no sin antes cruzar los brazos sobre el pecho en señal de paciente espera. Inevitablemente vuelvo a reír; pienso hacerle sufrir al máximo.

 

—Como decía, jamás olvidaré el 21 de agosto de 2002.

                »Ese verano mi madre alquiló una caravana en un camping cerca del mar. Vivíamos en el interior, y debido a problemas económicos, no habíamos tenido muchas posibilidades de salir de la ciudad, y mucho memos de pisar la arena, aspirar el característico olor a salitre del mar y descansar bajo el sol del mediterráneo, dejando que la piel adquiera ese saludable tono bronceado que muchos de mis compañeros de instituto lucían en septiembre.

                Además, por aquel entonces, era un muchacho terco y algo deprimido, un adolescente con problemas con las chicas, que lo último que pensaba era en pasar un verano con su madre y su hermano pequeño, alejado de sus amigos, su consola y su música. Las vacaciones en familia no eran lo mío, las odiaba con todas mis fuerzas y siempre buscaba pretextos para no ir; sin embargo, ese verano no pude escaparme.

 

                —Lo vamos a pasar estupendamente, ya lo veréis, estaremos a cinco metros del mar y también hay piscinas de agua salada. ¡Ah! y pistas de voleibol, ¿os he dicho alguna vez que de niña jugaba? Y no se me daba nada mal, es cuestión de técnica y agilidad, veréis…

                —¡Por el amor de Dios, mamá! ¿Quieres dejarlo ya? ¡Maldita sea! ¿A quién le importa los juegos que estaban de moda en la época jurásica? —espeté con toda mi ira, todavía no me había resignado a aceptar la realidad de mi circunstancia, seguía cabreado por haber dejado todo mi mundo atrás para seguirla en sus ideales fantasiosos de lo que se suponía que era una familia perfecta, de esas que van de vacaciones juntos y lo hacen todo juntos.

                Mi madre redujo la velocidad del vehículo y dejó de mirar la carretera para prestarme toda su atención. Sus ojos azules se clavaron en los míos de forma inquisitiva, y eso me heló la sangre.

                —Te he dicho que no digas palabrotas delante de tu hermano pequeño.

                —¡Maldita sea no es una palabrota! –protesté por rebeldía– Si hubiese querido decir una, la hubiera dicho.

                —¡No hables así! —Dijo elevando la voz –Lo hago lo mejor que sé, ¿vale? He estado todo el año ahorrando para esto y no quiero que lo estropees como haces siempre.

                —No te preocupes mami, a mí me gusta la playa –comentó mi hermano, derrochando su habitual dosis de peloteo.

                Mi madre le sonrió por el espejo retrovisor.

                —¡Claro que sí mi vida! La playa es lo mejor que hay.

                —Jodido enano de mierda… –murmuré por lo bajo, escurriéndome ligeramente en el asiento del copiloto hasta que la sonora colleja de mi madre me hizo despertar de golpe.

                —Te he oído –me advirtió señalándome con el dedo índice.

                La miré con un odio inmenso. No la soportaba, en realidad no me gustaba nada de ella. Era un desastre total: siempre se olvidaba de los acontecimientos importantes, no era capaz de callarse ni un maldito segundo del día, tendía a revolotear constantemente a mi alrededor y a meterse en mi vida a la fuerza, y por si eso fuera poco, cocinaba de pena. Mi madre era una de esas mujeres que se habían quedado preñadas demasiado jóvenes y todo se les hacía cuesta arriba.

                Recuerdo escenas, momentos de mi vida en los que tuve que aprender a sobrevivir solo, de hecho recuerdo haber preparado los biberones de mi hermano porque a mi madre se le olvidaba las horas de las tomas, o haberlo prevenido del fuego, alejado del agua y evitado que bebiera legía por error, en resumen, desde muy joven tuve que responsabilizarme de cosas que no eran apropiadas para un niño de mi edad.

                Me giré para mirarla, volvía a hablar de cuando era joven y yo sentía como si mi cabeza estuviera a punto de estallar. En ocasiones me preguntaba cómo hubiera sido mi infancia con un padre, alguien que la ayudara a hacerse cargo de nosotros. Posiblemente hubiese sido más feliz, hubiese crecido más despreocupado y hubiese tenido un modelo de referencia, pero no, nuestro padre huyó al ver lo que se le avecinaba, y lo cierto es que no se lo reprocho; fue un hombre listo.

                —¡Aquí está! –exclamó mi madre entrando en la caravana; seguidamente, extendió los brazos y dio una vuelta sobre su propio eje, como si fuera una de esas bailarinas dentro de una cajita de música.

                —¿Vamos a dormir aquí? –pregunté escéptico.

                —¡Sí! Ya sé que es un poco… como lo diría… rústico. Pero lo vamos a pasar genial –confirmó ilusionada.

                —¿Llamas rústico a una caravana oxidada, con cortinas comidas por el sol, manchas incalificables en las paredes y tres camas juntas en una esquila de la única habitación? –pregunté alarmado, señalando la inmundicia que nos rodeaba.

                —¡Es maravilloso! Aunque bueno –se llevó un dedo a los labios a modo reflexivo–, supongo que vamos a pasar poco tiempo aquí, mi idea es que estemos en la playa todo lo que podamos.

                Se giró hacia una pequeña puerta que había en la parte más alejada, una puerta diminuta, que con suerte, cabía un duende. Examinó rápidamente lo que había en el interior y cerró con premura.

                —¡Uy! jajaja –rió con nerviosismo– ahí está el baño. Será mejor que vayamos fuera, hace un día estupendo.

                —Un momento… –dije tras captar las reacciones nerviosas de su rostro– Me dirigí con rapidez a esa puerta diminuta y la abrí. – ¡Mamaaaaaá! –chillé con todas mis fuerzas al ver ese pozo infecto al que había llamado baño, pero ella ya estaba fuera con mi hermano, desoyendo mi protesta.

                En ese momento sentí el desasosiego, la desesperación y la rabia por todo lo que tendría que aguantar las próximas semanas. Me entraron ganas de llorar y no tuve fuerzas para reprimir las lágrimas, que descendían rápidamente por mi mejilla, mientras veía, a través de la cortina gastada de la ventana que había sobre el fregadero, como mi hermano jugaba despreocupado persiguiendo a mi madre por la arena. Yo no era capaz de relajarme, no solo cogeríamos chiches por estar ahí, lo más probable era que también contrajéramos enfermedades propias del tercer mundo, y ella no era capaz de verlo, o si lo hacía, le daba igual.

—Bien, muy interesante este pasaje de tu pasado –interrumpe Jose con cara de mala leche–, pero llevas veinte minutos y todavía no ha salido ni una maldita chica en tu historia.

Me echo a reír de su impaciencia.

—¿No quieres que siga, Jose? Si lo prefieres hablamos de otra cosa, de la liga de futbol por ejemplo o…

—¡No le hagas caso! –me interrumpe Marcos– En realidad le intriga tu historia, pero jamás lo admitirá, por mí sigue, me está gustando.

—Bien, pues si no hay ninguna objeción más –procedo mirando a Jose, que aprieta los labios convirtiéndolos en una fina línea–, continuaré con mi relato:

 

»Mi madre se empeñaba por todos los medios en hacerme reaccionar, quería que venciera todos los miedos y las vergüenzas de juventud que sentía por aquella época y reaccionara, pero yo era incapaz de ver sus esfuerzos, estaba centrado en mi propio sufrimiento y no aceptaba ninguno de sus consejos: antes muerto que hacerle caso, ése era mi lema.

 

                —¡Vamos Leo! Sal fuera un rato, el sol te vendrá bien, estás muy pálido.

                —No, gracias –dije pasando la página del periódico de octubre de mil novecientos noventa y cuatro que había encontrado olvidado en el fondo de un cajón.

                No me resignaba a salir, no quería que nadie me viese con ella, me avergonzaba su vitalidad y sus esfuerzos por relacionarse con todo el mundo, así que los primeros días los pasé en la oscuridad de esa caravana mugrienta, escuchando de lejos el murmullo del mar y contando, como un preso en su celda, los días que faltaban para regresar a casa.

                Pero el empeño de mi madre por hacer que saliera no cesaba, y fue con una de sus estridentes llamadas que decidí salir para ver qué pasaba.

                —¡Leo, ven, corre! –gritó.

                Caminé a paso ligero, bordeando la caravana hasta llegar a la parte de atrás, y ahí estaba, aunque para mi desgracia no se encontraba sola.

                —Mira Leo, quiero presentarte a estas dos chicas, Diana y María. Están de vacaciones y son de tu edad.

                Me puse rojo al instante. Eran dos hermanas guapísimas. Sus cuerpos delgados y torneados, cubiertos únicamente por un diminuto biquini turquesa que resaltaba sus atributos femeninos me dejaban sin aire en los pulmones, además, lucían una envidiable piel morena que no podía dejar de mirar. Caminé despacio, con la cabeza gacha e intentando por todos los medios que no se me notara la vergüenza, sabía que ahora que me habían visto no podía huir, pero tener que conocer a esas chicas en presencia de mi madre era muy humillante.

                —Hola, Leo –dijo una de ellas– Me llamo María, tu madre nos estaba hablando de ti.

                No sabía si reír o llorar ante esa afirmación, no obstante, cogí aire y me acerqué a las chicas para darles dos besos.

                —Bueno, no hagáis mucho caso de lo que diga… tiende a exagerar.

                —¡Oh, vamos, Leo! Solo les he dicho la verdad, que eres guapísimo y algo cabezota porque no quieres salir de la caravana.

                Joder, era peor de lo que pensaba y ya no tenía arreglo. Si había alguna posibilidad de tener una vida normal dentro de ese “proyecto de vacaciones familiares” acababa de chafarlo como la concha de un caracol al interponerse en su camino tras un día de lluvia.

                —Sí, jajaja –las dos chicas rieron al unísono– la verdad es que tiene razón, eres muy guapo.

                Fulminé a mi madre con la mirada, pero ella se limitó a sonreír y decir:

                —Bueno, os dejo, voy a bañar a tu hermano.

                Esa era su especialidad: encender el fuego y huir dejándome solo frente a las llamas.

                Las chicas intentaron entablar conversación conmigo, se interesaron por mis aficiones, por la ciudad de la que venía… pero fue inútil. No sé si alguna vez os habéis sentido así, impotente, avergonzado, forzado por querer mejorar lo inmejorable, intentando interpretar un papel para tapar mis innumerables defectos. Pero todo esfuerzo fue en vano, pues la realidad era que yo no era un chico guapo, ni interesante, y mucho menos simpático. A mis quince años era el típico muchacho reservado y enfadado con el mundo. Físicamente había dado muchos cambios, pero tenía la sensación de que mi cuerpo desproporcionado se había desarrollado por partes. Por aquella época llevaba el pelo largo, a la altura de las orejas y de color castaño claro. Mis ojos marrones eran algo grandes para mi rostro y mis facciones empezaban a definirse, pero aún carecía de barba, por lo que seguía manteniendo un aspecto aniñado. Mi cuerpo, en cambio, era alto, ancho de espalda y bastante definido para no ser un chico deportista, aunque en contrapunto mis piernas seguían estando demasiado flacas, por lo que contrastaban con mis pies, que eran desmesuradamente grandes. Como os podéis imaginar yo me veía como un monstruo, muy distinto a todos mis ídolos masculinos de aquella época, en cambio, para mi madre siempre he sido el niño más guapo del mundo, cómo no, pero ella también decía lo mismo de Mig Jagger, y entre nosotros, Mig Jagger no sé hasta qué punto se puede considerar un sex simbol…

                Todas esas inseguridades hacían que me viera como el crío más infeliz sobre la faz de la tierra: nada se me daba bien, no tenía una familia convencional, era desafortunado en casi cualquier área, y encima, me consideraba poco agraciado, en consecuencia era muy tímido y retraído.

                Después de parecer un completo gilipollas frente a esas esculturales morenas, regresé a la caravana y cerré la puerta dando un enorme portazo. Mi madre había iniciado una guerra de almohadas con mi hermano justo antes de que irrumpiera irascible y rojo, con ganas de iniciar una acalorada discusión con quien se me pusiera por delante.

                —Que sea la última vez que me haces una cosas así, ¡cómo se te ocurre dejarme en ridículo! Eso es algo que haces siempre, ¿y sabes una cosa? ¡No lo soporto, para ser precisos no te soporto a ti!

                La respuesta de mi madre fue clara: se mantuvo inmóvil en el centro de la habitación, alzó el cojín que tenía entre las manos y lo arrojó con fuerza sobre mi cara. Transcurridos unos segundos ella y mi hermano rieron al unísono de mi cara desubicada.

                —No te pongas tan serio, hijo, que se te pone cara de ciruela, ya lo sabes.

                Volvió a reír, y me fui cabreado hacia la otra punta, para ser exactos, me distancié dos metros; no había mucho espacio para poder esconderme en esa caravanucha.

 

Jose y Marcos rompieron a reír, quebrando la quietud.

—¡Qué razón tenía la mujer! –exclama Jose sin dejar de reír– Claro que no supo ver que la cara de ciruela la llevas de serie, no solo cuando te enfadas.

Aprieto la sonrisa y pregunto mirando a mis dos amigos:

—¿Queréis que siga?

—¡Claro! –se afana en responder Marcos– Estoy deseando que llegues a la parte en la que te acuestas con esas dos hermanas, vaya suerte la tuya, la primera vez y fue un trío.

Me echo a reír.

—Es poco creíble –niega Jose con la cabeza–, ¿Cómo va a tener tanta suerte un pajillero granudo de quince años? ¡Ni en sus mejores sueños! Creo que nos está metiendo una trola.

—Bueno –me encojo de hombros–, podéis pensar lo que queráis, aunque que yo sepa todavía no sabéis cómo fue mi primera vez, ni con quién.

—¿No fue con una de esas morenas o con ambas?

Me encogí de hombros.

—¿Sigo?

Jose emite un largo suspiro y alza la mano en mi dirección.

—¡Qué remedio! Continúa, anda, tú no te cortes…

Rio una vez más de sus caras de intriga y continuo con la explicación:

»Pasaron los días, el calor no hacía más que aumentar y más dentro de esas cuatro paredes de hojalata, que amenazaban con caerse a pedazos a la menor oportunidad. Retiré con la mano el sudor de mi frente mientras lamentaba, una vez más, mi continua mala suerte.  

                 Mi madre entró poco después, acalorada, suspirando y abanicándose con la mano, como si con ese gesto pudiese hacer descender drásticamente varios grados la temperatura. Pero ni mi pasividad, ni el calor le impidieron seguir insistiendo para que fuera a la playa y hablara con esas dos chicas, que desde que habían conocido a la alcahueta de mi madre, paseaban en biquini delante de mi caravana todas las tardes.

                —¿Hoy tampoco vas a salir? –dijo mi madre, caminando de aquí para allá.

                —Sabes que no. No insistas –dije sin apenas mirarla.

                —¿Por qué, Leo? ¿Por qué no sales a hablar con ellas? Son muy guapas.

                —No quiero.

                Mi madre suspiró y se sentó frente a mí, al tenerla tan cerca no tuve más remedio que alzar la mirada. Llevaba un holgado vestidito playero blanco que se había colocado encima de de su biquini mojado de color rojo, por lo que se trasparentaba y se adhería a sus pechos redondos y firmes. Dejando a un lado su pesada actitud, debía reconocer que era una mujer hermosa para su edad. Su pelo largo y ondulado caía con sinuosidad sobre sus hombros y llegaba casi al pecho, era dorado y de textura sedosa. A veces me sorprendía a mí mismo mirándolo fijamente, reteniendo en mi memoria cada destello de luz que desprendía. Su mirada felina y clara, me había dejado sin argumentos para rebatir más de una vez, y sus labios… ¡uf! mejor no continúo, solo basta con decir que era la parte de su cuerpo que más llamaba mi atención, así como esa pequeña manía suya de morderse continuamente el labio inferior cuando tramaba algo. Nos separaban diecisiete años, sí, pero recuerdo que en ocasiones la miraba y parecía mucho más joven.

                Mi madre suspiró y se levantó de la silla de un salto, se dirigió hacia la nevera y examinó detenidamente su interior. No pude evitar fijarme en su redondo trasero, prieto y firme, moviéndose levemente de derecha a izquierda mientras rebuscaba algo entre los estantes.

                Agité bruscamente la cabeza al tiempo que reproducía una mueca de asco e incredulidad a la vez. ¿Qué me estaba pasando?

                En cuanto mi madre regresó frente a mí, no pude evitar mirar nuevamente hacia sus pechos mojados, sus pezones endurecidos me bloquearon por completo y me costó un mundo apartar la mirada de ellos. Abrió con parsimonia la lata de cerveza que había encontrado, y se sentó con brusquedad sobre la silla.

                —¿Cuál es el problema? ¿Por qué nunca te veo coquetear con otras chicas? ¿Por qué siempre estás enfadado, triste…? Dime, ¿por qué te comportas así?

                Mi madre se dio cuenta de que mi mirada estaba perdida nuevamente en sus senos y se los miró; seguidamente, despegó con los dedos el playero blanco de su cuerpo y volvió a alzar la mirada.

                —Contesta –insistió.

                Suspiré avergonzado. Por alguna extraña razón me sentía vulnerable, tal vez por haber mirado a mi madre de ese modo, con ese descaro… No era propio de mí y estaba convencido de que la culpa era del puñetero calor y el aburrimiento que reinaba en ese lugar.

                —No se me dan bien las chicas… –musité en apenas un susurro.

                Mi madre asintió con la cabeza.

                —Te gustan más los chicos, entonces –afirmó sin más.

                —¡¿Qué?! –grité enervado– ¡Claro que no! ¡Joder mamá! –Me levanté de un salto– ¿Crees que soy maricón? ¿Realmente piensas eso?

                —Tranquilízate, cielo, no estoy diciendo que lo seas, pero aunque fuese así yo jamás te lo reprocharía. Quiero que sepas que puedes abrirte a mí, contarme lo que te pasa.

                Sus palabras me tranquilizaron un ápice y volví a sentarme.

                —Los chicos no me van, ¿vale? Así que no vuelvas a insinuarlo.

                —Está bien, ¿entonces?

                Suspiré y cogí la lata de cerveza que reposaba sobre la mesa para darle un largo trago. Mi madre advirtió la necesidad en mi rostro y no me lo impidió. Permaneció impasible hasta que volví a depositarla en la mesa.

                —Me da vergüenza hablar con las chicas, me veo… –me señalé con las manos– feo, soy…. no sé… yo…

                —¿Cómo dices? –preguntó con los ojos desorbitados– ¿Feo? Yo no hago hijos feos, cariño, ¿me has visto bien? –se levantó, estirando su diminuto vestido y arrapándolo a su cuerpo para que pudiera apreciar todas sus curvas. El cuerpo de mi madre era francamente perfecto, ni un gramo de grasa, suave, inmaculado… físicamente no podía ponerle ningún defecto.

                —Mamá, tú no lo entiendes… Todos mis amigos ya han… bueno… –hago un gesto de evasión las manos– Es complicado, las chicas tampoco me hacen demasiado caso que digamos, así que…

                —Eso no es verdad. He visto como te miran algunas de tus amigas, pero tú no eres capaz de verlo, estás tan ofuscado en tus supuestos “defectos” –entrecomilla con los dedos– que no eres capaz de ver más allá. Eres tú quien las rehúye.

                Mi madre cogió la lata de cerveza y se la llevó a sus suaves labios, que se entreabrieron para adaptarse a la obertura. Su cabeza se inclinó ligeramente hacia atrás y vi como el líquido descendía por el interior de su garganta. Una gota desviada resbaló de la comisura de sus labios y perfiló con asombrosa parsimonia su esculpida barbilla y su largo cuello, fundiéndose entre las diminutas gotas de sudor, hasta perderse entre su escote. Me vi obligado a cerrar la boca y tragar saliva. El calor estaba siendo realmente sofocante, sentía que mi cuerpo hervía literalmente y que en cualquier momento iba a sufrir una combustión instantánea y carbonizarme delante de ella, pero simplemente era incapaz de levantarme, mi mente estaba lejos ahora mismo, mi madre acaparaba toda mi atención. Hasta la fecha jamás me había atrevido a mirarla más allá del papel de progenitora, pues tampoco había tenido esa curiosidad. Tal vez fuese el clima, la desmedida humedad y la visión constante de las dos bellezas morenas que merodeaban cerca de la caravana, lo que me llevó a estar más excitado de lo habitual y ahora que mi madre, una mujer preciosa y sexy, estaba frente a mí, no podía apartar mi mirada, e incluso sentía la curiosidad de saber cómo sería su cuerpo sin las escasas prendas de ropa que la cubrían.  

                Ella alzó la mano, y con la punta de su dedo corazón secó sutilmente su labio inferior, despojándolo de restos de cerveza.

                —Tienes que salir ahí fura y hablar con esas chicas que no hacen más que preguntar por ti –insistió, ignorando mis reacciones.

                Negué con la cabeza.

                —No puedo. Es superior a mí.

                —Tu único problema es la falta de confianza en ti mismo.

                Me encogí de hombros.

                —En cualquier caso, es asunto mío.

                —Pero yo puedo ayudarte, podría organizar una cena e invitar a…

                —Mamá, por favor, no insistas… No quiero verme en ese tipo de situaciones, me abochornan. Esto que me pasa no se puede solucionar con una cena, necesito tiempo y… y eso, intimar con alguna que no me considere un patán –zanjé sin más–. Entonces puede que la próxima vez que me encuentre con unas chicas como esas, me atreva a decir algo más que monosílabos…

                Mi madre clavó su mirada azul en mí, estudiando mis ojos como si pudieran ofrecerle más claridad que mis palabras.

                —Eres como un pez que se muerde la cola, ¿lo sabías? No puedes ser tú mismo con las chicas hasta que hayas perdido tu virginidad, porque eso es lo que te avergüenza realmente, que tus amigos ya lo han hecho y tú no, por otra parte, no podrás perderla hasta que estés con una.

                —Pues supongo que ya está todo dicho, moriré siendo virgen –bromeé con sarcasmo.

                —¡Mira que eres idiota! –exclamó apretando una sonrisa– No tienes que darle tantas vueltas a eso, cuando sea el momento lo sabrás.

                —Para ti es muy fácil, no sabes lo que es ser el centro de las burlas, ser el único de tus amigos que no ha estado con una mujer y las pocas veces que he intentado estar con alguna… bueno, ha sido catastrófico.

                —Entonces, ¿cuál es tu plan?

                —¿Mi plan? –le miré extrañado. –No tengo ningún plan, estas cosas no se planean, ¿sabes?

                Mi madre asintió satisfecha y se levantó para vaciar los restos de cerveza en el fregadero. Me fijé una vez más en su perfecto culo, en sus muslos firmes… Sentí el latigazo de excitación recorriendo mi cuerpo y haciendo que mi miembro palpitara en el interior del pantalón. Estaba convencido que mantener esta conversación con mi madre era la causante de mi sofoco, pero eso dejó de importarme, estudiar sus eróticos movimientos se había convertido en mi principal objetivo.

                —Bueno cielo, tú sabrás lo que haces –dijo dándose la vuelta, apoyándose contra el fregadero– voy a ver dónde está tu hermano, a diferencia de ti, él sí ha hecho amigos.

                —Sssí, sí –me afané en contestar–, yo también debería irme a… –me levanté con torpeza– al baño –concluí avergonzado.

                —¡Cielo santo! –la exclamación de mi madre hizo que mi tez se tornara pálida. Estudié la dirección en la que apuntaba su mirada y la seguí, constatando que se había detenido en la parte más vulnerable de mi anatomía y contra todo deseo, su visible erección delataba parte de mis deseos ocultos.

                —¡Joder! –exclamé tapándome la entrepierna con las manos– No-no sé qué me ha pasado –tartamudeé como un idiota.

                —No te preocupes, es algo normal, es solo que… –mi madre seguía mirándome, pese a que había cubierto mi entrepierna– no esperaba que este tema de conversación te provocara de esa manera…

                —¡Quieres parar ya! –dije ofendido, poniendo todo el espacio que pude entre nosotros­­­– ¡La culpa es tuya! Vienes con ese vestido transparente y esos pezones apuntando en mi dirección mientras me hablas de chicas y sexo, ¿y pretendes que no tenga ninguna reacción?

                —¡No! ¡Si encima voy a tener yo la culpa! –se quejó.

                La miré con descaro.

                —No me hagas hablar…

                Nos quedamos en silencio unos angustiosos minutos en los que rezaba para bajar mi erección, pero simplemente, mi cuerpo iba por libre, desoyendo mi voluntad.

                Mi madre deslizó los dedos por su larga melena, ignorando que ese tipo de gestos me provocaban aún más. Se acercó sin vacilar, contoneando sus caderas hasta cuadrarse frente a mí.

                —Puedo ayudarte –procedió con tranquilidad, emitiendo un frágil suspiro–. Si eso es lo que realmente te preocupa, si piensas que haciendo eso se acabarán parte de tus problemas, puedo ayudarte.

                Me quedé absorto, intentando dar sentido a sus palabras, pues no acababa de entender lo que trataba de decirme.

                »Esta noche, cuando tu hermano duerma iré a la playa, estaré junto a las rocas. Puedes ir o quedarte aquí, pero pase lo que pase jamás hablaremos de esto con nadie. La decisión es únicamente tuya.

                Se dio media vuelta y se fue acompañada de una ola de misterio, dejándome solo en la caravana, perplejo y lleno de dudas.

                Confieso que en la actualidad sigo reviviendo ese momento como si fuera ayer, recuerdo cada palabra dicha, cada guiño, parpadeo… Jamás olvidaré la visión de mi madre esa tarde de agosto.

—¡Venga tío! –espeta Jose dando un puñetazo sobre la mesa; todos los presentes se giran en nuestra dirección– Si ya era poco creíble que te follaras a dos hermanas, ahora ya ni te cuento.

—¡Vaya! –continúa Marcos con los ojos abiertos como platos– ¿Te has follado a tu madre? –se echa a reír– Te acabas de convertir en mi ídolo.

Me encojo de hombros.

—Yo no he dicho nada, tú mismo has sacado tus propias conclusiones –comento en tono sosegado.

—¿Pero fue con tu madre o no? –pregunta Jose; la intriga le correo y no lo puede ocultar.

»Entonces me dio por pensar:

 

                ¿Esto era real? ¿Mi madre se está ofreciendo para intentar ayudarme? Jamás entendí los fuertes valores que le impulsaron a hacer lo que hizo, ni se los pregunté ni se los cuestiono, solo sé que mi cabeza empezó a pensar en los pros y contras de esa propuesta. Muchas veces me había quedado absorto contemplando a mi madre, viendo como se maquillaba frete al espejo antes de una cita, como se quitaba el sujetador por debajo de la camiseta cuando le molestaba, ignorando cómo sus pechos se movían al caminar… cosas que para cualquier otra persona pasan desapercibidas, pero por alguna razón, para mí mi madre siempre estuvo presente en mis sueños y parte de mis fantasías, aunque no lo quisiera reconocer. Creo que parte de mi rabia hacia ella era por ese motivo, porque me gustaba demasiado y luchaba a toda costa para que eso no fuese así, estaba convencido que esa atracción era algo sucio y antinatural, pero simplemente, no podía evitarlo.

                Siempre supe que ella sospechaba algo de los sentimientos contradictorios que se fraguaban en mi interior, pero ese día de verano descubrió todo cuanto había estado callando, y por primera vez, tenía la oportunidad de satisfacer uno de mis deseos. La última palabra la tenía yo, y la pregunta era si realmente era capaz de hacer ese sueño realidad o me echaría atrás, tal y como había ocurrido con todas las chicas con las que alguna vez había intentado intimar.

                Estuve pensando durante toda la cena, prácticamente no me atreví a mirarla a la cara. Solo escuchaba como hablaba con mi hermano, le contaba historias mientras él la miraba embelesado, con inocencia. Por un momento me recordó a mí, ¿en qué momento pasé de mirarla como a una madre buena y cariñosa y pasé a verla como una mujer terriblemente sexual? Jamás lo supe.  

 

                Al caer la noche, me revolví inquieto en la cama. Mi hermano hacía horas que dormía y mi madre estaba en la playa, como había prometido. Tragué saliva y me levanté, caminé un par de metros y miré a través de la ventana. La luna llena se reflejaba en el mar, su resplandor dorado bañaba el paisaje, destacando las pequeñas dunas y las robustas rocas. Percibí incluso la silueta de mi madre en la lejanía, la silueta hermosa de una mujer contemplando el horizonte mientras su pelo se movía por una ligera brisa.

                Me bastó saber que ella estaba ahí y que sería capaz de hacer cualquier cosa por mí, incluso lo más insospechado, para intentar que fuese feliz, ayudándome a vencer mis propios miedos. En resumen, me bastó verla para saber lo mucho que me quería.

                Regresé a la cama y me arropé con las sábanas perpetuando en mi rostro una inquebrantable sonrisa.

                «Gracias mamá».

 

—¡Menudo pedazo de cabronazo! ¡¿No va el tío y nos enreda?!

Jose no sale de su asombro, parece exaltado con mi relato.

—¿En serio no te reuniste con ella? –pregunta Marcos decepcionado.

—Bueno, ese fue el final de mi historia, pero como en todo final hay dos versiones, ¿qué hubiese pasado si hubiese acudido al encuentro? –miro el reloj de mi muñeca– La segunda parte os la contaré mañana si no os importa, tengo que ir a trabajar.

—¡No me jodas, tío! –protestan mis dos amigos al unísono– Dinos quién fue antes de irte.

—Lo siento, chicos –dejo el dinero sobre la mesa mientras me pongo en pie–, lo mejor está por venir, pero no será hoy. Quedamos mañana a la misma hora y si os apetece continúo con mi historia.

—Ni sueñes que voy venir mañana, tengo un compromiso ineludible –espeta Jose.

—Bien, pues hasta la próxima –digo sin más.

—Yo si estaré –se afana en contestar Marcos—, así que ni se te ocurra faltar.

Asiento complacido y me acerco a la salida; mañana acudirán, sé que quieren un desenlace y no cesarán en su empeño de conseguirlo.

Veamos, ¿por dónde íbamos?  –pregunto mirando a Marcos, que ha acudido puntual a la cita, como esperaba.

—Nos quedamos en que viste cómo tu madre te esperaba fuera y regresaste a la cama, como un cobarde.

Me echo a reír.

—Es verdad, en ese momento regresé a la cama. Tenía mucho por analizar, era una situación nueva y habían muchos cabos sueltos, como qué pasaría a partir de ese momento: ¿mi madre y yo tendríamos la misma relación?, ¿nos acostaríamos de vez en cuando o esa sería nuestra única vez? Era una decisión que no se podía tomar a la ligera porque no estamos hablando de una mujer cualquiera, estamos hablando de mi madre, el miembro más importante de mi familia, un pilar fundamental en mi vida.

—Entiendo, pero ¿qué pasó?

Sonrío por lo bajo, pero antes de continuar Jose abre la puerta del bar, nos mira y se acerca con paso ligero hacia nosotros.

—¡Vaya! al final has podido posponer esa cita ineludible –comento haciendo serios esfuerzos por no romper a reír.

—Mira, dejémoslo en que no quería dejarte tirado –comenta sentándose en la silla con brusquedad.

Su orgullo me hace mucha gracia y esa enorme curiosidad… Es realmente fácil manejar a Jose, solo tienes que picarle para que responda.

 

 

»La brisa soplaba ligeramente en esa pegajosa noche de verano frente al mar. El rumor líquido y espumoso de las olas se había convertido en una pegadiza sintonía que me empujaba a salir al exterior, y después de mucho debatir conmigo mismo, decidí enfrentarme directamente a la raíz de mis problemas. ¿Quién mejor que mi madre podría ayudarme? Ella no solo me quería, además, tenía paciencia conmigo.

                 No bien puse los pies fuera, sentí como la fina capa de arena fresca acariciaba mi piel. Moví los dedos acomodándome a esa nueva sensación, mientras intentaba darme tiempo para acabar de pensar en lo que estaba a punto de hacer.

                En la lejanía a penas se distinguía el contorno rocoso de un pequeño islote que se interponía en la llana horizontalidad del mar, donde iban a romper las diminutas olas emitiendo un ruido rítmico y constante, similar al de una palmada. Sin más testigos que la luna llena, caminé en la dirección en la que sabía que se encontraba mi madre. Tenía miedo, estaba literalmente cagado de miedo, me aterraba no dar la talla, mi inexperiencia, mi inseguridad cultivada durante años… Pero otra parte de mí, sabía que esa era la clase de oportunidad que solo se presenta una vez, y desaprovecharla, sería de necios. Mi madre jamás pensaría mal de mí, me ayudaría y me comprendería más que cualquier otra mujer.

                Y al fin, a escasos metros de la orilla, distinguí su apuesta figura en mitad de la noche. Estaba sentada, absorta en sus mudos pensamientos, no obstante percibió cómo me aproximaba por su espalda.

                —Mira, mamá, he estado pensándolo y agradezco que seas capaz de hacer algo así por mí, pero creo que…

                —Shhhh… –me silenció con un siseo– ¿Has visto que bonito es todo esto? –intervino sin dejar de mirar el horizonte– Siempre me gustó vivir cerca del mar, se respira una paz y una tranquilidad… Ojalá pudiésemos estar más tiempo aquí.

                Miré en la misma dirección que lo hacía ella y debía reconocer que tenía razón, aunque para mí el mar no era tan especial, yo crecí en la ciudad, lejos de la costa, así que no podía añorar lo que nunca había tenido. En ese momento me arrepentí de lo cruel que fui con ella al ponérselo tan difícil cada vez que hacía el esfuerzo de llevarnos a la playa, estaba cegado por mi egoísmo y no había sabido ver lo importante que era para ella regresar al lugar de su niñez.

                —Es precioso –reconocí en un susurro.

                Mi madre sonrió e inclinó ligeramente la cabeza en mi dirección.

                —Sé que a ti no te gusta, así que no hace falta que finjas.

                —¡Sí me gusta! –espeté– Lo que ocurre es que todavía no he aprendido a apreciarlo.

                Mi madre cogió mi mano, que yacía despreocupada sobre la arena, para apresarla con las dos suyas.

                —Alguna vez vendrás con una chica que te guste y entonces lo verás con otros ojos –bajé la mirada sonrojado.

                —Verás, mamá, yo…

                —Ya sé lo que te pasa –me guiñó un ojo cómplice–, así que no digas nada más.

                Sin darme tiempo a reaccionar, se acercó tanto a mí que pude apreciar la caricia de su dulce aliento sobre mi rostro. Mi cuerpo se tornó completamente rígido, en guardia, incluso mi mente se bloqueó imposibilitando cualquier movimiento.

                Llevó una de sus manos a mi rostro y acarició con ternura mi mejilla atrayéndola al mismo tiempo hacia ella. Ahora nuestros labios casi podían tocarse, sentí el calor de su cuerpo muy cerca del mío, e inevitablemente, me estremecí por el deseo.

                Mi madre había escogido ese lugar porque era el adecuado para ambos; ella sentía un amor incondicional por el mar y yo me sentía extrañamente cómodo en la inmensa oscuridad de la noche, pues en ocasiones se hacía difícil distinguir el cuerpo de la mujer que había frente a mí; sin lugar a dudas, era el escenario perfecto para llevar a cabo una relación prohibida.

                Me armé de valor y recorrí con la punta de mis inseguros dedos su antebrazo, ascendiendo lentamente hacia su hombro, al mirarla, se me hacía difícil imaginar que esa hermosa mujer fuese realmente mi madre, parecía más bien una chica de mi edad, que anhelaba como yo, vivir su primera aventura de verano. Pronto, dejé de verla como una madre y empecé a deleitarme con el cuerpo de una mujer.

                Incliné lentamente la cabeza y no esperé ni un segundo más en besarla. Sus labios, los mismos labios que había contemplado desde la niñez, me correspondieron con el mismo deseo que yo empleaba. Poco a poco, tuve sed de más. Mis manos se posaron tras su nuca y la apreté con fuerza mientras la besaba con un deseo desmedido, al tiempo que sus brazos me abrazaban dejándose llevar por mi efusividad.

                La proximidad del abrazo hizo que sintiera sus firmes pechos aplastados contra mi torso y esa mágica sensación, es algo que jamás podré olvidar.

                Su acercamiento estaba volviéndome loco, así que mi impulsividad de juventud hizo que empezara a jadear no bien sentí el sutil roce de su lengua sobre la mía. Ahí me vi paralizado, incapaz de reaccionar, de llevar la iniciativa, únicamente intentaba controlar mi gran erección mientras sus manos me rozaban con superficialidad por encima de la ropa. En ese momento tuve ganas de lanzarme, de tumbarme sobre ella y dejar fluir toda la pasión que hervía dentro de mí, siempre he sido muy impulsivo y me he anticipado, pero en esta ocasión, no quería que este momento acabara demasiado rápido, quería sentirlo, saborearlo y vivirlo lentamente con plenitud.

                Mi madre se retiró lo suficiente, y sin dejar de mirarme, empezó a desabotonar uno a uno los botones de su blusa. Mis ojos no pudieron perder detalle del recorrido de sus dedos, mientras se abría una grieta en su ropa que dejaba al descubierto su imponente escote. Su respiración lenta y constante resaltaba la redondez de sus pechos, aún cubiertos por el wondrebra negro; mi madre era tremendamente erótica, era esa clase de mujeres que te atrapan con su magnetismo y no puedes dejar de mirar.

                Cuando retiró su blusa, empezó a desabotonarse el vaquero frente a mi cara de asombro, hasta terminar retirándoselo por completo. Mi corazón iba a cien por hora, mis ojos no sabían hacia dónde mirar y mi mente estaba literalmente en blanco. Nos quedamos en completo silencio durante un rato, era obvio que mi madre me concedía el tiempo que necesitara hasta que tuviera la valentía necesaria para despojarme de mi ropa, como había hecho ella.

                Dedicándome una sonrisa pícara se tumbó sobre la arena, su cabello de oro parecía brillar por el reflejo de la luna; estaba preciosa, parecía la imagen de una campaña publicitaria de woman’s secret, era la mujer más perfecta que había visto jamás, y quizás sea por ese recuerdo idílico de mi pasado, pero hasta ahora ninguna mujer ha conseguido impactarme tanto.

               

                Hago una pausa para dar un trago a mi taza de té humeante.

—¿Y? ¿Qué pasó luego? –pregunta Jose que no ha dejado de escuchar embelesado mi historia.

Miro el reloj de mi muñeca, calculando el tiempo del que dispongo antes de regresar al trabajo.

—Ni se te ocurra dejarnos así –me advierte Marcos.

Suelto una carcajada, cojo aire y continuo con el relato:

»Pasado un tiempo, mi madre susurró:

                —Acércate, ponte encima de mí…

                Sus palabras fueron las que me hicieron despertar y reaccionar, estaba ofreciéndose a mí y aunque me sentía un poco intimidado, no quise dejar pasar esa oportunidad.

                Me puse a cuatro patas encima de ella, mirándola a los ojos sin atreverme a rozar mi cuerpo contra el suyo, entonces mi madre volvió a intervenir, y desanclando una de mis manos de la mullida arena, la llevó a su rodilla, ligeramente flexionada.

                —Tócame –dijo sin dejar de estudiar las reacciones de mi rostro.

                Dicho y hecho. Deslicé con cuidado mi mano por su suave piel hasta el muslo y sentía que no podía más, para ser exactos tenía ganas de correrme en ese preciso instante, pues solo ella era capaz de excitarme sin tan siquiera haberme tocado.

                No os explicaré todos los esfuerzos que hice para no dejarme llevar por el erotismo que desprendía, solo sé que logré controlarme y seguí perfilando su cuerpo con mi mano, ciñéndome a su estrecha cintura hasta llegar al sujetador. Mis manos dejaron de cuestionarse las cosas y simplemente fueron solas hacia el cierre de su sostén para retirárselo. Por primera vez en años, veía esos pechos completamente desnudos frente a mí y mi excitación aumentó notablemente. Fascinado se los toqué, los apreté con cuidado y me dejé guiar por la voz de mi interior, que solo quería degustarlos.

                Lamí suavemente sus pezones mientras una de mis manos se aferraba con fuerza a su cadera, jugando con la tela de sus braguitas. Mi cuerpo no tardó en querer sentir el suyo y me dejé caer con cuidado sin dejar de saborear el manjar que me ofrecía.

                Me volví loco con sus pechos, no podía dejar de lamerlos, mientras escuchaba sus suaves jadeos, que eran música para mis oídos. De tanto en tanto su espalda de arqueaba, demandando más, y yo, no quise negárselo. Estaba impaciente y quería hacer muchas cosas esa noche, quería saborear el cuerpo de mi madre al completo, sin dejarme nada, pero por desgracia, mi impaciencia de adolescente no me dejó ir mucho más allá.

                En cuanto mis dedos deslizaron su braguita hacia un lado y sentí la húmeda calidez de su sexo en mis dedos, mi cuerpo no pudo evitar reaccionar por instinto, olvidándose de todos los objetivos que quería alcanzar esa noche. Mi miembro erecto, palpitaba deseoso de explorar esa cueva secreta y no pude refrenar mis ganas, que se habían instalado en el fondo de mi estómago y anhelaban franquear ya esa barrera.

                Sin tan siquiera retirar su ropa interior, cogí mi miembro con una mano, mientras la otra separaba la húmeda tela de sus braguitas, y sin más, apunté el glande hacia esa cálida obertura.

                Estaba nervioso e impaciente por saber qué sentiría al traspasar, por primera vez, esa frontera. Mi miembro presionó un poco esa estrecha obertura y el cuerpo de mi madre reaccionó, alzando ligeramente las caderas para recibirme en el fondo de su ser. Con exquisito cuidado fui hundiéndome en ella, experimentando como las prietas paredes de su vagina me acogían, sintiendo la calidez y textura mullida a lo largo de mi miembro. No quería que esa mágica sensación terminara nunca, pero al mismo tiempo quería moverme, iniciar el vaivén que demandaba a gritos mi interior.

                No pude resistirme por más tiempo y empecé a moverme, rápido y seguro mientras retenía fuertemente las caderas de mi madre contra mí. Toda la sangre de mi cuerpo pareció concentrarse en un único sitio, y cuando creí que ya no podía más, mi orgasmo me sorprendió desatando un placer inmenso.

                Me vacié literalmente dentro de mi madre con fuertes embestidas, hasta terminar extasiado encima de ella.

                Ahora solo recuerdo la calidez de mis fluidos deslizándose por sus muslos una vez logré retirarme, la hipersensibilidad de mi glande después de esa primera vez dentro del cuerpo de una mujer y mis ganas de sexo, que lejos de apagarse, se desataron aún más si cabe.  

                Y esa fue, amigos míos, mi primera vez. Si desde el principio hubiese dicho que perdí mi virginidad en una playa con mi madre, hubiese desmerecido la importancia de este suceso, porque todo tiene un sentido y un porqué, el contexto es importante para entender cómo se desarrollaron los acontecimientos.

 

                —Buaaaa, tío, no me jodas… –dice Marcos parpadeando varias veces para salir de su aturdimiento– creo que acabo de ponerme cachondo…

Me echo a reír y apuro el té que queda en mi taza.

—¿Y qué pasó después? –Pregunta Jose con impaciencia.

—Pues, después de aquello tuve a mi primera novia, María, una de las hermanas que conocí en la playa ese verano y con la que estuve manteniendo una relación a distancia durante varios años, pero me temo que eso es otra historia…

—Sin duda, eres mi ídolo –reconoce Marcos con un asentimiento de cabeza.

—¿Y qué me dices de tu madre? ¿Hubieron más encuentros? ¿Practicaste otras cosas con ella? ¿Volvisteis a acostaros? –La impaciencia de Jose me desata una risotada.  

                —Lo que pasó con mi madre es un misterio que ahora no pienso revelar, tengo que regresar al trabajo –les recuerdo.

—¡Vamos tío! –se queja Jose– Dinos solo si hubieron o no más encuentros.

Me levanto sonriendo, dejo el dinero de la consumición sobre la mesa y me despido de mis dos amigos sabiendo que pronto volverán a abordarme con sus preguntas.

—¡Eres un enorme hijo de puta, ¿lo sabías?! –grita Jose antes de que logre cruzar el umbral de la puerta y salir al exterior.

Me giro enérgico,  y sin dejar de sonreír digo:

—Lo sé, y me encanta serlo –reconozco divertido.

Cuando al fin salgo del bar, la gris neblina de Londres me hace regresar bruscamente a la realidad; de lo único que tengo ganas es de llamar a mi madre para saber cómo está. Miro el reloj, calculo la hora en España mentalmente y marco el único número que sé de memoria sin necesidad de consultar la agenda.

FIN

Fiesta de cumpleaños

Llevo 4 años de matrimonio con mi mujer y casi 10 de noviazgo, tenemos 2 hijos en común y prácticamente una vida, no es que crea en almas gemelas, porque eso siempre me pareció una tontería, simplemente nos complementamos en todo, en todo este tiempo siempre he intentado cuidar los detalles, siempre he dicho que una relación es todo lo buena que puede ser por los detalles, que para eso los pone el diablo.

Dentro de poco será el cumpleaños de mi mujer, le he comprado un vestido rojo, con unos zapatos de tacón a juego, además como cumple 30 años y es una fecha especial lo vamos a pasar en casa con nuestros amigos de la intimidad.

Mi mujer a su 29 años, es una mujer alta y esbelta, con una figura muy femenina, grandes pechos pero sin pasarse, con un culo prominente, tiene cara de niña buena gracias a la mirada que realiza con sus grandes ojos y su sonrisa, es bastante femenina la verdad y le gusta vestirse para la ocasión, como buena mujer es bastante observadora, bastante social y algo vergonzosa.

Nuestra vida nunca para y menos con dos niños, pero siempre sacamos tiempo para nosotros, la verdad es que tengo una vida muy feliz con ella, y creo que ella conmigo.

Dentro de poco también es el cumpleaños de mi mejor amigo, Antonio, nos reunimos la pandilla en el bar de siempre para ver que hacíamos en los dos cumpleaños, en total éramos cuatro, Javier, Jose, Antonio y Jorge que es un servidor:

ANTONIO- Pues podríamos hacer una barbacoa en la casa de Jorge llevamos un barril de cerveza y luego nos tomamos unas copas mientras ponemos música…

JORGE- Podríamos estrenar el Karaoke, eso a las chicas siempre les hace mucha ilusión y ya sabes cómo se desenfrenan.

JOSE- ¡Que buena idea!, seguro que así se animan a bailar.

ANTONIO- Si no estaría nada mal, seguro que con el Karaoke nos lo pasamos genial, ¿Cuánta gente crees que cabe en el jardín de tu casa?

JORGE- Yo creo que pueden venir todos, ¿Quiénes somos?

JAVIER- Pues nosotros 4, Cristina, Sofía, Laura, más los niños somos 13.

JOSE- Perfecto entonces, por cierto, ¿Sabes de algún regalo que quiera Cristina para su cumpleaños?

JORGE- No sé la verdad, si quieres puedes regalarle un curso de hacer sushi ya sabes cuánto le gusta, si no a ella le encanta la ropa y los complementos, es acierto seguro.

JOSE- Sofía estaba mirando ropa, conociendo a las mujeres seguro que acierta, ¿y Tú Antonio?

ANTONIO- ¡Si por mi fuese una mujer!, ya sabes que llevo muchísimo tiempo sin estar con una chica…, pero por mí con que me invites a estas rondas me conformo, ya sabéis que soy un hombre de gustos sencillos.

JORGE- ¡Eso está hecho!

Pagamos entre Javier, Jose y yo todas las consumiciones con mucho gusto y me despedí de mis amigos hasta el viernes por la tarde que se celebrarían los cumpleaños.

Llegue  a casa y puse la tele mientras realizaba las tareas del hogar cuando vi anunciado en la tele un nuevo producto, se llama feminil, por lo visto es un complemento alimenticio que básicamente provoca muchas ‘ganas’ a las mujeres, luego busqué más información en internet y por lo visto sí que daba resultados en el tiempo, aunque yo siempre dudo de todas estas cosas me decidí bajar a la farmacia y comprarlo; yo no tengo problemas en la cama con mi mujer, pero esto me podría dar juego durante el fin de semana de su cumpleaños, así que cuando volví escondí las capsulas de feminil y decidí agregarlas en sus comidas.

Durante los siguientes días discutí bastante con mi mujer, la verdad es que no fue muy buena semana en el trabajo, volvía a casa con mucho estrés le sacaba puntilla a todo y acabamos enfadados, al rato se nos pasaba, y aunque uno puede pensar que acabamos en la cama, la verdad es que no, veíamos alguna serie mientras pensaba para mis adentros que las pastillas en efecto eran un timo aunque ya que estaba le daría la última oportunidad en la fiesta.

El viernes por la mañana se pasó Antonio a traer la carne para la barbacoa, y al rato apareció Javi y Jose con 6 botellas de licores y un barril de cerveza, la verdad es que la fiesta tenía muy buena pinta, les abrí unos tercios que tenía en la nevera, mientras preparaba una ensalada en la cocina que especié con lo que me quedaba del fármaco, cuando terminé nos pusimos a hablar de nuestras cosas, entre ellas de nuestras mujeres, al menos los que teníamos, hacía mucho que la verdad no teníamos una conversación tan explícita:

JOSE- Pues Sofía es un poco frígida, nunca pasamos del misionero, y le da reparo realizar sexo oral, cuando empieza se le nota que no quiere hacerlo, como que lo hace a desgana y eso hay muchas veces que me frustra un poco…

JAVIER- Intenta algo nuevo, si no le gusta el sexo oral a lo mejor es el sabor, intenta usar nata o algo así

JORGE- O prueba viendo porno, seguro que así lo normaliza más, a lo mejor es tabú para ella…

JOSE- probaré a ver aunque no las tengo todas conmigo.

JAVIER- Ya verás que sí, seguro que coge ideas, Laura veía porno por su cuenta antes de conocerla y la verdad es que me complace bastante, aunque últimamente la noto un poco desganada, no sé si será el trabajo o el tiempo.

JORGE- Eso son etapas, a veces estas como un conejo y otras veces no, seguro que en un par de semanas se le pasa.

ANTONIO- Os quejáis de vicio, yo hace años que no estoy con nadie, además siempre he querido saber cómo se siente al realizar sexo anal.

JORGE- Jajajaja, eso yo creo que no le gusta a casi ninguna, aunque yo con Cristina no tengo pegas, la verdad es que no la cambiaba por nada, y tendríais que ver la mirada que te hecha cuando está en el pilón, ¡solo de pensar en cómo me mira se me pone dura!, es una cara de entre niña buena y viciosa, se podría decir que es mi droga, cuando me falta me pongo hasta de mala leche.

Cuando entro Cristina en el salón, estaba radiante, llevaba una camiseta de tirantes y un short deportivo, se sentó en el sofá a mi lado y nos dijo:

CRISTINA- ¿No hay una cerveza para mí?

JOSE- Ahora mismo te la traigo.

CRISTINA- ¿Cómo van los preparativos?

JORGE- Esta todo ya, solo estamos esperando a que lleguen las chicas.

JOSE- Va a ser una fiesta genial, ya verás.

CRISTINA- Eso espero, una no cumple 30 años todos los días, me estoy haciendo mayor.

JAVIER- ¡Que dices!, ahora es cuando mejor estás, además si tú eres mayor los demás estamos para ingresar en una residencia, ¡No fastidies!

CRISTINA- Hay que cosas me decís, bueno me voy a arreglar, ¡Sed buenos!

Deje a mis amigos en el salón y seguí a mi mujer a la habitación, me miró extrañada, saqué los regalos y se los di.

CRISTINA- ¡Qué bonito el vestido!, y los zapatos a juego.

JORGE- ¿Te gustan?

CRISTINA- Claro que sí, me los voy a poner para la fiesta, que buen ojo tienes.

Me sonrió y me dio un gran beso, yo aproveche para meterla un poco de mano, andaba algo falto de cariño, ella simplemente se dejó hacer, al final se separó, y se empezó a desnudar.

JORGE- Vamos a hacerlo.

CRISTINA. ¿Estás loco? Están todos en el salón y los niños se pueden despertar de la siesta en cualquier momento.

JORGE- Pero no van a entrar, ¿No te da morbo?

CRISTINA- Sabes que no, tira para afuera anda.

Me fui cabizbajo al salón y volví con la pandilla a esperar la llegada del resto de los invitados.

Pasó el rato y sonó el timbre, eran Sofía y Laura con sus retoños, ya estábamos todos, así que abandonamos el salón desordenadamente camino hacia el jardín, mi mujer llego con el vestido y los zapatos rojos, era un vestido escotado pero sin enseñar mucho, luciendo sus hermosas piernas, la verdad es que estaba preciosa y feliz, los demás la miraron, juraría que Antonio y Jose con lujuria, estaba esplendida, se fue a recibir a las chicas entusiasmada, la tarde prometía, así que me fui a preparar la barbacoa, eché unas astillas y la leña, mientras el resto se ponía al día y los niños correteaban por el jardín.

Mientras pusimos la carne en la barbacoa, se hizo la entrega de los regalos, a mi mujer le regalaron de parte de Javier y Laura un bolso de desigual, de Jose y Sofía unos pendientes y un collar de plata con pequeñas piedras bastante bonitos, el último en darle su regalo fue mi amigo Antonio, que le entregó un sobre con el curso para preparar sushi, como supuse a mi mujer le hizo mucha ilusión y le dio dos sonoros besos, seguidamente ella le dio nuestro regalo, una chaqueta de piel que sabíamos que le gustaba pero que no se terminaba de decidir a comprar, se le puso una sonrisa en la cara y le dio un fuerte abrazo a mi mujer y luego otro a mí, luego el resto de los invitados le fueron dando sus regalos, en ese momento no pude ver que eran, ya que mi mujer me aparto del grupo y dándome un beso me dijo:

CRISTINA- Esta noche te vas a enterar, llevo una semana pensando en ti…

JORGE- ¿Así?, pensé que con tanta discusión te habías olvidado de mí, ya tengo ganas de que se vayan los invitados…

CRISTINA- Pues ya verás esta noche, ¡no te voy a dejar dormir!

Se alejó de mí mientras me pasaba la mano por el paquete…, lo que provocó que se me empalmara y se me marcara en los pantalones, tuve que disimular como buenamente pude mientras mi mujer me miraba desde la distancia y se reía para sus adentros.

Comimos entre risas mientras mi mujer pasaba la pierna por debajo de la mesa y me tocaba el pantalón en la zona de la entrepierna, ¡Nunca la había visto así!, tenían que ser las pastillas, sí que hacían efecto, así que tuve que volver a disimular mi erección con solo pensar la noche que iba a tener, luego caí en la ensalada, prácticamente se la comieron las mujeres, así que pensé en el favor que les iba a hacer a Jose y Javier.

Terminamos de cenar y debido a la hora que era decidimos acostar a los niños, que ya prácticamente estaban agotados de tanto jugar y correr, y nos quedamos solos, por lo que era la hora de sacar los licores.

Pusimos el karaoke y salieron las chicas a cantar mientras entre nosotros comentábamos desde fuera la jugada.

JORGE- Madre mía que tres, se va a poner a llover.

ANTONIO- Bueno al menos nos alegra la vista a los cuatro.

JOSE- Jajajaja, Ya te digo, ¡sobretodo la tuya Javier!

JAVIER- ¡Se mira pero no se toca!

La verdad es que la mujer de Javier era despampanante, mediría 1,70 como mi mujer, era delgada con buenas curvas, un pelo moreno como el azabache, una bonita sonrisa, unos pechos bien puestos, no tan grandes como los de mi mujer pero de buen tamaño, y el culo tenía forma de corazón, Sofía era mucho más bajita, no llegaría a los 1,60, rubia con los ojos azules, con la cara redonda, tenía un buen culo, aunque le faltaba talla de pecho, al menos para mi gusto.

Cuando las chicas llevaban un rato deleitándonos con eso que llamaban cantar, Antonio y Jose que eran los más fiesteros se unieron a ellas en el Karaoke, la verdad es que sonoramente empeoró la cosa, pero la verdad es que subió mucho el ánimo.

Entre canción y canción pude notar como Jose y Antonio se restregaban con las chicas, y estas ni cortas ni perezosas se dejaban tal cual, fruto de la confianza imagino, creí ver ciertos tocamientos, de Jose y Antonio hacia las chicas, pensé que me habría confundido hasta que vi a Cristina como le tocaba el paquete a Antonio o a Jose el que tuviera más cerca, como me lo había tocado antes a mí, yo no me pongo celoso por estas cosas, pero empecé a pensar en el fármaco, Antonio y Jose está claro que por sus situaciones estarían salidos de por sí, pero las chicas ya era otro cantar y la verdad es que me sorprendió, decidí fijarme más en esos detalles, y pude ver como no solo era Cristina, si no Laura o incluso Sofía, la chica “frígida” que relataba su marido no hace unas cuantas horas, se rozaban entre ellas o con ellos.

Al rato, entre tanto disfrute visual, me di cuenta de que Javier no se lo estaba pasando muy bien, se había dado cuenta pero no sabía qué hacer para impedir ese manoseo gratuito, era un poco posesivo de su mujer, así que le rellené la copa esperando que se animase, pero no fue así, y viendo que posiblemente se pudiese amargar, decidí que el Karaoke se tenía que terminar, esperé un par de canciones y propuse jugar a algún juego, de beber si podía ser, a Javier le cambio la cara con una sonrisa, y las chicas propusieron rápidamente el juego de “Yo nunca he…”.

Para los que nunca hayáis jugado (cosa que dudo) es un juego basado en el que una persona dice algo que nunca haya hecho, y el resto de personas que si realizasen las acciones tienen que beber.

Al principio las preguntas eran sobre temas de trabajo o alguna pillería, pero al rato Antonio dio paso a los temas eróticos:

ANTONIO- Yo nunca he realizado un trio. *Laura pego un sorbo a su copa

CRISTINA- Jajaja esa etapa de la universidad.

LAURA- Bueno ya sabes, una era joven y le gusta probar cosas.

JAVIER- Que afortunado seria ese…

LAURA- Afortunados cariño, yo nunca he estado con una chica.

SOFIA- ¿Y para que quieres tanto?

LAURA- Bueno es una buena experiencia, te aseguro que no es lo mismo uno que dos.

JOSE- Yo nunca he realizado sexo anal *No bebió nadie.

JAVIER- Que chasco te has llevado Jose, Yo nunca lo he hecho en un espacio público. *Bebimos mi mujer y yo.

LAURA- Buenooo con los exhibicionistas, ¿os gustan que os miren?

CRISTINA- Pues nunca nadie nos ha visto, otra cosa es que fuera un sitio público, era más por el morbo del que te pillen, ya sabes, estas con la adrenalina al máximo.

JORGE- Fueron en unos probadores, de los que tienen puerta no cortinas, era imposible que nos pillasen.

ANTONIO- ¿Os acordáis cuando vimos a aquella parece que la chica le hacia una felación al tío en mitad de la calle?, que borrachera llevaban.

SOFIA- ¡Es verdad que asco!

CRISTINA- Que repipi te pones a vece Sofía, tampoco era para tanto, seguro que les gustaba que les mirase la gente, que les mirasen seguro que les excitaba mucho más.

JORGE- Tampoco es que estuviéramos mirando.

LAURA- Algunos más que otros, anda que no estabais vosotros aquel día para cambiaros por ese tío.

ANTONIO- ¡Incluso hoy me cambiaba!, la chica parecía tener buena maña.

El juego continuo hasta que ya nadie propuso más, Antonio y Jose empezaron con su ronda de chistes verdes, seguimos con más recuerdos de momentos pasados que nos hacían partirnos de risa y alguna que otra broma, al final como pasa en todas las fiestas, el ánimo acaba decayendo y la gente se comenzó a ir.

Al final nos quedamos Antonio, mi mujer y yo en el salón tomando la última copa, mientras Antonio y yo recordábamos nuestra etapa de la universidad y las locuras que llegábamos hacer, como colarnos en fiestas que en la que no estábamos invitados, mi mujer realizó un acto totalmente sorpresivo, se puso encima de mí, me dio un buen morreo y me empezó a desabrochar la camisa; a lo que Antonio entendió la directa y se levantó para irse, cuando mi mujer giró la cabeza y le dijo:

CRISTINA- Siéntate Antonio, quiero que nos mires follar.

JORGE- ¿Estas segura de eso cariño?, esto no lo hemos hablado y no sé si yo…

Me cayó con un morreo en la boca y se deslizó hasta poner las rodillas en el suelo, desabrocharme el pantalón y de un tirón bajármelo hasta las rodillas, fue todo rapidísimo, por lo que no pude continuar con mi represalia a dicha idea, Antonio tampoco pudo decir nada, pero el obediente se sentó a ver el espectáculo.

Mi mujer empezó a pajearme, mientras me miraba con esa mirada que tiene de niña buena, entonces me giño un ojo, me sonrió y se metió toda mi verga en la boca, se la sacaba y se la metía entera muy despacio, mientras apretaba todo lo que podía con sus labios, subía y bajaba, de vez en cuando me miraba, con esos ojos, se la sacaba, me pajeaba mientras pasaba su lengua por mi capullo y volvía a metérsela dentro, con su otra mano jugaba con mis testículos, de repente dejo de mírame a mí y empezó a mirar a Antonio fijamente, le miraba mientras seguía con sus qué hacer, yo no tenía oposición me encantaba lo que me hacía, paro un segundo, se quitó el vestido y para mi sorpresa no tenía nada debajo, así que se quedó completamente desnuda salvo los zapatos, volvió a meterse la polla entera en la boca, mientras que con una mano suya se empezaba a masturbar.

Miré a Antonio y se había bajado los pantalones y se estaba masturbando muy deprisa, estaba hasta sudando, creo que nunca se habría imaginado algo así, pero miraba fijamente a mi mujer mientras ella le miraba, así que para que tuviese otra perspectiva, me levante, tumbe a mi mujer en el sofá, de tal manera que quedaba de frente a Antonio, la abrí las piernas, y mientras la besaba los muslos, con una mano la abrí los labios para que los pudiese ver Antonio, baje la cabeza y empecé a lamer sus labios, hasta que apareció el botón, empecé a masajearlo quitando la cabeza para que Antonio lo viese, metía la cabeza y lo lamía con furia, mi mujer empezó a apretujarse las tetas, se pellizcaba los pezones, de vez en cuando paraba para empujarme la cabeza con la mano, mientras miraba fijamente a Antonio.

Cuando noté que la respiración de Antonio subía de volumen, levante con una mano la pierna de mi mujer contraría al respaldo del sofá, y la penetré, Antonio podía verlo todo en primera plana, mi mujer le miraba, fijamente a él, mientras le sonreía y le dijo:

CRISTINA- ¿Te gusta lo que ves?

ANTONIO- Eres preciosa, me gusta demasiado lo que veo.

CRISTINA- Pues córrete que lo vea.

Antonio no pudo más, se levantó y se corrió encima de la mesa del salón, mientras lanzaba un gran gemido de placer, se volvió a sentar en el sofá exhausto y se quedó contemplando como penetraba a mi mujer, ella tenía una sonrisa en la cara de satisfacción enorme, se incorporó un poco y me empezó a morder un pezón con fuerza mientras me agarraba el culo con una mano y me ayudaba a envestirla más rápido, yo que conozco a mi mujer sé que cuando hace eso quiere que me corra, pero viendo como estaba yendo la noche, no iba a acabar tan rápido, la saqué, y me puse de pie:

JORGE- Chúpamela cariño.

CRISTINA- Ya veo cómo quieres terminar mmmm…

Pero yo tenía en mente otra cosa, quería que Antonio se recuperase, le tenía que dar tiempo, así que mi mujer me la chupaba, como antes, despacito, se la tragaba entera, esta vez disfrutando de sus jugos, la sacaba, yo me concentraba en no correrme, ella ahora sí que me miraba a mí, me la chupaba muy rápido, no sé si con esa velocidad aguantaría mucho más, pero vi a Antonio que la tenía otra vez dura, y decidí pasar a la acción.

Me tumbe en el sofá, , hice que mi mujer se pusiese encima de mí, la empecé a penetrar, mientras le tocaba las tetas, se las estrujaba fuerte, ella puso sus manos sobre mi pecho y se movía al compás de mis envestidas, mire de reojo y Antonio se estaba masturbando otra vez, tire de los pezones de mi mujer, la acariciaba por la espalada, la empuje hacia mí para que con mis manos pudiese llegar a su culo, la abrí las nalgas  para enseñárselo a Antonio y la introduje un dedo en el ano, ella cerró los ojos y se mordió el labio, saqué el dedo, y lo volví a meter repetidas veces, hasta que lo cambié por dos, llegado el momento, mientras ella estaba con los ojos cerrado, miré a Antonio y le hice un gesto para que se acercará, él se levantó, se subió al sofá, y puso su capullo en la entrada del ano de Cristina.

Mi mujer abrió los ojos y dijo:

CRISTINA- No por favor, eso no…

La morreé como ella me hizo al empezar, no la deje terminar su réplica, le abrí las nalgas todo lo que pude, Antonio hizo como que no la escuchó e introdujo el capullo en su ano, mi mujer pego un chillido de dolor, yo la cogí de la cabeza, y la volví a besar, le metí la lengua en su campanilla, mientras Antonio no se movía, deslicé las manos hasta su culo y volví a abrirle las nalgas por última vez, Antonio vio lo que hacía e introdujo el resto de su verga en el culo de mi mujer.

Yo en ese momento sentía la verga de mi amigo a través de una pared fina, era una gran sensación, estuvimos quietos durante unos 5 minutos, mi mujer estaba tremendamente quieta, tenía los ojos cerrados con alguna lagrima en el pómulo, entonces empecé a bombear despacito, Antonio se percató y empezó a hacer lo mismo, nos costó un poco pero logramos compenetrarnos, entonces mi mujer me miró, me sonrió y me dijo:

CRISTINA- ¡Dadme fuerte!, Laura tenía razón

No hizo falta que dijera más, aumentamos el ritmo, ella se tocaba los pechos, mientras yo notaba la verga de Antonio dentro de mi mujer, cuando yo entraba el salía, y cuando el salía yo entraba, era una sensación increíble, mientras mi mujer gemía sin parar, nunca había gemido tanto, y tan alto, gritaba y repetía que la diésemos fuerte, que la diésemos muy fuerte.

Cambiamos el ritmo, pasamos a meterla y sacarla a la vez, mi mujer gemía más fuerte todavía, Antonio y yo la sacamos a la vez y en un rápido movimiento le dimos la vuelta a mi mujer, ella me dio la espalda y ahora estaba enfrente de Antonio, yo se la introduje por el culo y Antonio por el coño, mi mujer empezó a gemir de nuevo:

CRISTINA- ¡Joder que sensación tan maravillosa!

ANTONIO- Es verdad que tienes cara de niña, como dice tu marido da ganas de correrte en esa cara mientras miras.

CRISTINA- ¿Eso habláis mi marido y tú?

ANTONIO- Tu marido presume de ello…

JORGE- Es cierto cariño, no hay nada mejor que uno se corra en tu cara o tu boca mientras le miras a la cara…

Mi mujer mientras escuchaba todo eso soltó morreo a Antonio, yo puse sus manos en la espalda para sujetarla y que tuviera las manos libres, empezó a jugar con los pezones de Antonio, volvimos a coger buen ritmo, hasta que mi mujer soltó un gran gemido, clavo sus uñas en la espalda de Antonio, noté como le temblaba el cuerpo, sobre todo las piernas, y se dejó caer sobre mi pecho; Antonio se quitó de delante, mi mujer se levantó y se arrodilló.

CRISTINA- Terminar en mi boca, ¡quiero que me llenéis!

Nos pusimos enfrente de ella, mientras ella se metió la polla de Antonio en la boca me pajeaba a mí, ella miraba Antonio a los ojos, fijamente, Antonio le sujetaba la cabeza y hacía fuerza para metérsela en la boca, tanta que le dificultaba respirar, pero ella no cerraba sus ojos, estuvo un rato así hasta que un gran gemido salió de la boca de Antonio mientras descargaba en la boca de mi mujer, se la sacó mientras le miraba, le sonrió y sin tragárselo se metió mi polla en la boca, movía la cabeza con furia y llena del semen de Antonio, pero esta vez no me miraba a mí, miraba a Antonio, mientras me la chupaba le estaba mirando, yo no pude más y finalmente descargué en la boca de mi mujer, ella se sacó mi polla de la boca, me miró, me guiño un ojo y se lo trago todo.

Yo acababa de tener uno de los mejores orgasmos de mi vida, estaba pensando todo lo que acababa de suceder, las sensaciones nuevas que acababa de experimentar, cuando mi mujer se levantó, nos puso dos copas, y nos dijo:

CRISTINA- Me voy a la cama, ¡la próxima vez que juguemos al yo nunca nos emborracharemos antes!

Antonio y yo nos quedamos en el salón, el al principio no me miraba y no me decía nada, estaba como arrepentido, pero le dije que no se preocupase, que era una de esas cosas que salen espontáneas, que debería guardárselo en la memoria para siempre como iba a hacer yo, y que no se preocupase, al cabo de un rato seguimos hablando de nuestras cosas, hasta que nos entró sueño y se fue.

A la mañana siguiente Laura llamó a mi mujer, estuvieron hablando un rato, yo creo que estuvieron cambiando impresiones, de vez en cuando solo escuchaba el cuchicheo, otras veces risitas… al cabo de media hora colgó.

CRISTINA- ¡Buenos días cariño! ¿Has dormido bien?

JORGE- Como un tronco, ¿Cómo es que te llama Laura tan temprano?

CRISTINA- La mande un mensaje con lo que pasó anoche y no se pudo resistir.

JORGE- Y habéis intercambiado impresiones…

CRISTINA- Si, la verdad es que no sé qué me paso anoche, tenía muchas ganas, y al recordar lo de aquella pareja en la calle, pensé para mí en usar a Antonio de cobaya, lo que no me imagine es que tuviera la osadía de entrar en escena.

JORGE- le invité yo.

CRISITNIA- ¿Y eso?, una cosa era usarlo de voyeur y otra eso, además sabías que el sexo anal no me gusta.

JORGE- Ya bueno, para serte sincero en último lugar lo hice por él, hace mucho que no está con una chica y además quería probar el sexo anal, en segundo lugar por ti, pensé que estabas muy lanzada, nunca te he visto tomar tamaña iniciativa y si alguna vez hacíamos un trio era anoche, y por último por mí, quería saber que se siente cuando el otro orificio está ocupado, ¿Hice mal?

CRISTINA- No, bueno no sé, ¿hablaste algo con Antonio?

JORGE- Si, le dije que salió de forma casual, que se lo guardase para el recuerdo pero que no lo tuviera en cuenta para nada más, y a ti Laura ¿qué te ha dicho?

CRISTINA- Que le hubiera gustado estar aquí, jajajaja

JORGE- ¡No hubiese estado nada mal cambiar a Antonio por Laura!

CRISTINA- ¡Oye!

JORGE- No te ofendas, pero ya puesto no me importaría probarlo.

CRISTINA- Prueba a ver si tienes suerte…

Ya sabía yo que suerte no iba a tener, estaba claro que mi estrategia para repetir lo de anoche pero con una chica no era acertada, ¿Laura?, tonto de mí, ¡si es la mujer de Javier!, que lista era mi mujer, sabía que no hay opciones para ello, me tomé el desayuno y me fui a jugar con los niños al jardín.

Una mala jugada

Me llamo y cristina y lo que voy a contar me pasó hace mucho tiempo, todo paso en la fiesta de mi dieciocho cumpleaños, era verano y el instituto se había acabado, me habían admitido en la facultad de derecho de Alcalá de Henares y mi única preocupación por aquel entonces era pasar el mejor verano que pudiese, por aquel entonces no tenía los achaques de la edad, mis pechos grandes estaban en su sitio, no estaba delgada como un palo, pero estaba de buen ver, mis ojos marrones claros iban a juego con mi castaño natural.

Mis padres se habían marchado de vacaciones y me dejaron la casa para mi sola, por lo que decidí celebrar mi cumpleaños en casa, despejaría el salón de muebles, y prepararía una barbacoa en el jardín, la idea era que el cumpleaños durase lo más posible, quedé con mi amiga Marta un día antes para prepararlo todo fuimos a comprar la comida y los licores, y dejamos el salón solo con el sofá para evitar posibles daños, al final invité a Marta a cenar en casa.

Marta- Estarás ansiosa por mañana, ¡vas a ser mayor de edad!

Cristina- No le veo ventajas, ¡Solo son responsabilidades!

Marta- Va tampoco es para tanto, ¿mañana van a venir todos?

Cristina- Si, no te importa que venga Vito ¿no?

Marta- Para nada, lo nuestro fue una tontería y es agua pasada.

Cristina- Teníais que haber acabado juntos, ahora estas sola y necesitada.

Marta- ¡Como tú no te jode!, ¿Cuánto hace que no te llevas a alguien a la cama?

Cristina- Una eternidad, si al menos conociese a alguien interesante.

Marta- ¡Ese me lo pido para mí!

Estuvimos riéndonos un buen rato, disfrutamos de la cena y finalmente se despidió hasta mañana por la tarde en la fiesta.

Al día siguiente a las cinco de la tarde empezaron a llegar los invitados, en total éramos nueve, tres parejas, un soltero, Marta y yo.

Las parejas estaban formadas por Eva y Miguel, que llevaban juntos toda la vida, Miguel era el amigo que siempre la liaba de alguna manera, rompía algo o se caía, su chica Eva era una amiga de toda la vida, muy recatada, por aquel entonces eran vírgenes, otra pareja era Alejandro y Margarita, llevaban poco saliendo, Alejandro era un tío enorme y fuerte, con una barba negra que le hacía mayor, era el cocinitas por lo que se encargaría de la barbacoa, Margarita por su parte era esa clase de chicas que por mucho que comen no engordan, cualquier chorrada le causaba risa, y por ultimo estaban Edu y Alexandra, eran esa pareja que estaban juntos porque sí, porque ambos tenían cuernos, Edu no es que fuera un tío buenorro pero era un ligón de cuidado, era el único que trabajaba y tenía dinero y Alexandra era claramente la tía buena del grupo, nunca le faltaban pretendientes.

Luego estaban Vito, Marta y yo hacíamos el grupo de solteros, Vito era alto y delgado, y tenía siempre un aspecto hippy, Marta por su lado era una chica bajita, pechugona, con buen culo, eran mis mejores amigos de siempre.

La tarde empezó como ya suponía con Alejandro en la barbacoa, mientras los demás nos llenábamos los minis de cerveza hasta arriba, contábamos alguna anécdota de noches anteriores de fiesta entre risas.

La carne fue saliendo, y como gente joven prácticamente la devorábamos, yo me tenía que preocupar por que dejaran algún cacho.

Alejandro- ¡Sois unos cabrones!, menos mal que esta Cristina si no ni como, ¡Y ni me habéis puesto una cerveza!, menudos amigos.

Vito- Todo el día quejándose macho, a ver vamos a por tu cerveza, ¡Te la tendría que poner Rita!

Margarita- ¡Ni que yo fuera su camarera!

Alejandro- Menuda novia que me he echado.

Miguel- Eso es que no la tienes educada, la mía siempre me pone las cervezas, la tienes que educar.

Cristina- Ten cuidado con la cerveza que te pone Miguel, no vaya a ser que sea una cruzcampo para vengarse.

Todos nos reímos, en seguida como era costumbre empezó las conversaciones sexuales, iniciadas por Edu claramente, estaba más salido que el pico de una mesa, posiblemente como todos a esa edad.

Edu- El sueño de cualquier tío es hacer un trio con dos tías.

Alexandra- ¿Y por qué no con dos chicos?, si apenas os da para una…

Vito- Un trío yo lo veo imposible, mejor probar otras cosas como el sexo anal.

Eva- ¡Qué asco!, eso no sé quién lo va a querer hacer.

Cristina- Bueno eso por probar quien sabe.

Alejandro- Bueno aquí tenemos a una dispuesta a todo, no como otras.

Margarita- ¡Tampoco te pases!, yo coincido con Eva, no sé por qué os obsesiona tanto el sexo anal.

Vito- A ver para hacer todos los días no, pero algo así como regalo de cumpleaños para tu chico.

Alexandra- Y para nuestros cumpleaños qué ¿eh?

Vito- Bueno algo os gustará en especial.

Eva- Un cinturón de esos con polla para vosotros.

Nos echamos a reír, la cena estaba siendo muy divertida. Pasada la hora, a eso de las ocho y media la barbacoa se había terminado, recogimos la mesa del jardín y pasamos dentro del salón, encendí el home cinema y la música empezó a sonar, mientras Marta sacaba las botellas de alcohol con los refrescos.

Los chicos fueron los primeros en servirse como siempre, nosotras estábamos distraídas hablando del conjunto que llevaba cada una, o de criticar a cualquier conocida ajena al grupo de amistad, como solía pasar siempre, se formaban dos grupos, uno de chicas y otro de chicos que se rompían brevemente al irse a servir nueva bebida.

No paso mucho rato cuando nosotras nos dedicábamos a bailar y los chicos acabaron jugando al póker en la mesa del jardín, lo cual era un fastidio porque tarde o temprano seguro que algún vecino acababa llamando a la policía, como efectivamente acabó pasando, vino la policía y dijo que teníamos que hacer menos ruido, me despedí de los agentes y le dije a los chicos que entrasen dentro.

Al final acabamos hablando las chicas en el sofá, mientras los chicos jugaban en la mesa que ahora se encontraba en el salón.

Eva- Que pesados son.

Cristina-Déjales, así se lo pasan bien.

Margarita- Aunque a nosotras nos han dejado sin la pista de baile.

Marta- Bueno, para eso nos vamos a una discoteca la semana que viene.

Alexandra- Eso ¡noche de chicas!

Todas- ¡Sí!

Según les fueron entrando sueño, las chicas se fueron yendo, dejando a sus chicos en el salón jugando a las cartas, finalmente me quede sola, y para no aburrirme cogí una silla y me senté con ellos para mirar al menos como jugaban.

Vito- ¿No quieres jugar?

Cristina- ¿Se puede meter uno cuando quiera?

Vito- Claro, estamos jugando con céntimos, pones dinero y ya está.

Cristina- ¿Pues qué royo no?, así no hay emoción ninguna, no os jugáis nada más que chicles.

Edu- ¿Y qué propones?, no tenemos mucho dinero…

Cristina- Bueno podemos apostarnos tener que hacer algo si un pierde.

Edu- ¿Algo como qué?

Cristina- No sé, beberse un cubata de un trago por ejemplo, podrías tener más imaginación Edu.

Todos se quedaron callados unos segundos y al final aceptaron, repartieron las cartas y al final los botes no eran solo botes de 20 o 30 céntimos, sino de algo más. Al principio era sobretodo de beberse cubatas de un trago, pero Edu abrió la veda a otros términos, cuando en una apuesta conmigo propuso que el que perdiese se comería un huevo crudo, yo acepté, tenía buena jugada y él había estado faroleando, pero resulto que mi doble pareja no fue suficiente ante un trio de chiripa que le salió en con la última carta, y me obligaron a comerme el huevo crudo.

Las apuestas empezaron a subir bastante, algunos se daban algún bofetón, yo me tuve que comer un chupito lleno de nada de un solo bocado simulando que era una verga, cortesía de Edu que no hacía más que ganarme todas las bazas, el juego estaba gracioso y no lo estábamos pasando bien.

En un momento de la partida, me repartieron dos ases, pensé en vengarme de Edu, tenía la mejor mano inicial, así que aposté fuerte, siendo céntimos no es que quedase muy espectacular, pero llegué apostar medio euro, todos se fueron tirando hasta que le tocó a Edu, él no se pudo resistir y metió todo su dinero, yo lo vi y le dije que el que perdiese le tenía que dar su ropa al otro, de esta manera él se tendría que volver desnudo a casa, él sonrió y estuvo de acuerdo, y dio la vuelta a un AK.

Era perfecto, le tenía que sonreír mucho la suerte para que yo perdiese, sacaron las cinco cartas y no me lo pude creer, ¡me empató!, había salido un T, J, Q y K haciendo que tuviéramos la misma escalera, mi venganza se tenía que posponer.

Alejandro-¡qué pena!, si no llega a salir esa K.

Vito- Bueno yo creo, que cada uno debería darse la ropa al otro, total el bote se tiene que repartir.

Cristina- ¡Si claro! Si no hemos perdido ninguno.

Vito- Ya por eso hablo de repartir el bote, tú te quedas con sus ropas y el con las tuyas.

Que cabrón estaba hecho, así está claro que el que ganaba era él, vería a su amigo haciendo el ridículo por la calle y a mi desnuda, yo estaba medio borracha pero tampoco era tonta.

Edu- Bueno creo que lo mejor será que empiece yo…

Edu empezó a desnudarse, se quedó en pelota picada, se levantó y me dio su ropa, era la primera vez que le veía desnudo, no estaba nada mal, tenía complexión atlética y su polla no estaba mal de tamaño.

Todos- ¡que se desnude!, ¡Que se desnude!

Me levanté, y terminándome lo que me quedaba de un trago empecé a desnudarme, al principio se hizo el silencio, estaban todos expectantes, me quite los zapatos y se los tiré a Edu, luego me saqué el vestido por la cabeza dejando mis pechos al descubierto pues no tenía sujetador y empezaron todos a vitorearme, lejos de sentir vergüenza me entro una sensación de orgullo, pues siempre había pensado que los chicos no me miraban de esa forma, finalmente sujete mis braguitas por los dos lados y fui bajándolas mientras contoneaba mi culo y los chicos empezaban a gritar un olé que se debió escuchar en todo el vecindario, y le tiré las bragas a Edu.

Cristina- A ver qué haces con ellas, no se vaya a pensar cosas raras Alexandra.

Miguel- Alexandra vete a saber que estará haciendo ella.

Todos se rieron mientras Edu le daba un golpe a Miguel por el comentario, la partida siguió, pero todos me miraban las tetas, apenas prestaban atención al juego, yo para distraerles me las apretaba con los brazos aposta o me echaba para atrás y me estiraba haciendo que se viesen mejor, lo mejor fue cuando a Edu se le notó la erección.

Vito- Vaya Edu, a ver dónde apuntas con eso.

Edu- Ya te digo donde me gustaría apuntar. –dijo mientras me miraba las tetas.

Cristina- No sabía que te gustasen tanto, ¿no prefieres las de Alexandra?

Edu- Pues no, Alexandra no las tiene tan bonitas os lo puedo asegurar.

Vito- No hace falta que lo jures. – Dijo señalando hacia la verga de Edu.

Edu-Vamos, ¿Me vais a decir que de todas las chicas Cristina no tiene las mejores tetas?

Alejandro- Eso está claro.

Miguel-Y seguro que las da uso no como Eva…

Yo me puse colorada, me estaban alagando muchísimo y tenía una sonrisa en la cara por ello, nunca me habían dicho la opinión sobre mí, y les encantaban mis tetas, no me podía creer que ese día hubiera acabado de esa forma.

La partida se calentó, cuando de nuevo me tocaron dos ases de mano, pero esta vez no quería hacer ninguna locura y solo subí un poco, Edu fue el que me vio y nos quedamos solos en la mano, sacaron las 3 primeras cartas, K de picas, J de corazones y 6 de tréboles, un flop perfecto, el pasó, yo subí y el volvió a subir, me entró algo de nervios pero tenía dos ases y el flop traía una K que seguro que a Edu le venía bien, por lo que vi, sacaron la cuarta carta y era un 4 de tréboles, el volvió a apostar y yo vi, la quinta carta era un As de tréboles, mi victoria, si tenía dobles estaba perdido, así que después de que el pasase yo aposté, él se quedó pensando un rato y metió todo su dinero, yo lo vi inmediatamente, pero antes de levantar las cartas me dijo:

Edu- Si gano, me dejarás tocarte las tetas como yo quiera.

Cristina- Claro hombre, que gracioso, ¿y si yo ganó qué?

Edu- Si tú ganas, te devuelvo tu ropa, y te pago el primer año de universidad.

Me quedé callada, la proposición era indecente, Alexandra era mi amiga, pero la verdad que me pagase el primer año de carrera era un buen dinero, que evitaría que tuviera que buscar un curro de fin de semana, me quede pensando un buen rato.

Cristina- Esta bien, pero esto no puede salir de aquí.

Le di la vuelta a mi trio de Ases, Edu sonrió dio la vuelta a lo que parecía una doble pareja de KJ, pero me di cuenta que eran de tréboles, el muy cabrón había hecho color en la última carta, la carta que yo creí que me daba la victoria, los dos ases me habían cegado y ahora tenía que pagarlo muy caro.

Edu se levantó, mantenía la erección el tío, se acercó donde yo estaba, y se agachó ante mí, yo cerré los ojos y me estiré, el comenzó a sobármelas, tenía buen tacto y sabía manejar sus manos, me agarraba de los pezones que enseguida se pusieron duros, yo seguía con los ojos cerrados mientras el tiraba de mis pezones y me agarraba los pechos, finalmente solté un leve gemido.

Edu- Parece que te gusta.

Cristina- Lo haces muy bien.

Edu- Seria difícil saber quién de todos nosotros está más excitado.

Mire a mi alrededor, todos me miraban mientras se tocaban los paquetes, ¡Había puesto cachondo a 4 tíos!, me sentí tremendamente excitada, de hecho nunca lo había estado tanto, Edu se puso de pie para irse y yo en un acto reflejo le agarré la verga y evité que se fuera.

Edu- Creo que eres tú la que más excitada estas.

Cristina-Puede ser, pero no sé si tú serás suficiente para saciarme.

Mire al resto de los chicos, luego a Edu, me puse de rodillas ante él y me metí su verga en la boca, el tío pego un gemido gigante, mientras los demás miraban como me tragaba la polla de Edu, les miraba mientras lo hacía, y ellos se masturbaban por debajo del pantalón, decidí cambiar de postura y ver si alguno más se animaba, por lo que sin sacarme la polla de Edu de la boca puse mis piernas rectas y empecé a masturbarme para que me vieran.

Estuve un rato así y empecé a pensar que solo Edu se iba a animar, cuando de repente Miguel se levantó y se bajó los pantalones, y se puso al lado de Edu, yo le agarré la polla con la mano y le empecé a masturbar, mientras seguía chupándosela a Edu, finalmente sin que me diera cuenta, Alejandro se había puesto detrás de mí y buscaba con su polla la entrada de mi vagina, solté un segundo la polla de Miguel y agarre la de Alejandro y la coloque en la entrada, el de un empujón me la metió entera.

Me follaba muy fuerte, tan fuerte que no podía chupársela a Edu ni a Miguel, ellos solo me sobaban las tetas mientras yo gemía sin parar, Alejandro era enorme y no dudo de agachase sobre mi espalda, agarrarme por las piernas y levantarme en volandas, mientras me abría las piernas para que los demás me vieran perfectamente cómo me penetraba.

Edu y Miguel se sentaron y se empezaron a masturbar, Vito seguía sentado en su sitio y no hacía nada, solo miraba, yo creo que no lo aprobaba, pero me daba igual, Alejandro subía y bajaba mi cuerpo ensartado en su polla con una ferocidad terrible, yo no podía parar de gemir, pero al contrario de lo que pensaba no duro mucho, sus movimientos empezaron a ser más irregulares y acabó corriéndose dentro de mí.

Me bajo al suelo y se dejó caer sobre el sofá mientras Edu se acercaba a mí, yo me senté sobre la mesa de póker, le abrí mis piernas invitándole a entrar, el me agarró de los tobillos, y me la metió en mi coño lleno del semen de Alejandro, empezó a bombear mientras yo me masturbaba el clítoris, entraba y salía con menos ferocidad que Alejandro pero le notaba un mejor que hacer, yo estaba en éxtasis y más cuando noté que Alejandro también se venía dentro de mí.

Se hizo a un lado y Miguel le reemplazó inmediatamente, se le notaba inexperto, estaba perdiendo su virginidad conmigo y eso me excitó mucho más así que decidí ponerle más caliente.

Cristina-Si quieres puedes correrte en mi boca Miguel, seguro que Eva no te deja.

Miguel empezó a ganar velocidad, parecía que me follaba con rabia, yo me masturbaba y me tocaba las tetas y me tiraba de los pezones mientras él me miraba, no pude aguantar más y me vino un orgasmo enorme, hacía mucho que no tenía uno, lo disfruté muchísimo entre gemidos y aspavientos.

Miguel se salió de mí, tenía la polla llena del semen de Alejandro y Edu, me agache y me la metí en la boca, mientras se la limpiaba y le realizaba una mamada, el me agarró de la cabeza y con un gran gemido descargó en mi garganta.

Miguel se sentó en el sofá con Alejandro y Edu, yo miré a Vito que estaba callado, me acerqué a él.

Cristina- ¿Tú no quieres disfrutar igual que tus amigos?

Vito- Pensé que yo tendría más derecho que ellos, ¿No era tu mejor amigo?

Cristina- Si claro.

Se bajó los pantalones, la tenía enorme, como si fuese un vaso de tubo o una botella pequeña de agua, se la agarré y me fui a agachar para mamársela pero me detuvo en seguida.

Vito- Ya sabes que yo soy muy tiquismiquis y no me gusta beber del vaso de los demás.

Me dio la vuelta haciendo que le diese la espalda, e hizo que me recostará en la mesa, abrió mis nalgas y puso su capullo en la entrada de mi ano virgen.

Cristina- No espera, no estoy preparada.

Vito- ¿No decías que querías probarlo?

Cristina- Si bueno, pero no en este momen… ¡ahhhhh!

Me había metido el capullo en el ano, me dolía a rabiar, el me agarró de la cintura por delante y empezó a empujar.

Cristina- Para por favor, me duele mucho, ¡para!

El hacía oídos sordos y empujaba más adentro, yo deje vencer mi cuerpo sobre la mesa, miré al resto para ver si hacían algo por mí, pero parece ser que la escena les estaba gustando y se estaban masturbando. Vito terminó de metérmela entera, me ardía y me dolía muchísimo.

Cristina-Para por favor, dame un respiro.

Vito- Tranquila.

Esta vez sí me hizo caso y se quedó quieto como unos cinco minutos, espero a que yo tomase la iniciativa, finalmente probé menear mi culo un poco sacándola un poco y volviéndola a meter, me seguía doliendo y me molestaba, pero al menos era ya soportable.

Cristina- Ten cuidado no seas bruto.

Vito me agarró de la cintura y empezó a bombear, la sacaba hasta la mitad y la volvía a meter, mi culo no estaba preparado y me molestaba, pero ya no me dolía, intenté masturbarme para ver si conseguía disuadir la sensación, estuvimos unos minutos así y sin darme cuenta la sensación me generaba un placer y un dolor a partes iguales, cambié mi leve masturbación por un frenesí en mi clítoris mientras ayudaba a Vito con mi cadera a sacarla más de mi culo para volvérmela a meter hasta el fondo, al revés que con los otros tres, no tardé ni cinco minutos en correrme, cuando me entró el tembleque en las piernas y gemía, Vito aumento las embestida, provocando que se corriera en mi culo y me llenará de leche.

No podía ni moverme, Vito salió de mí, se subió los pantalones y dijo.

Vito-Me voy, ha sido una fiesta estupenda, mañana me paso para ayudarte a recoger.

Los otros tres seguían en el sofá masturbándose, Edu se levantó y se corrió sobre mis nalgas, luego lo imitó Miguel y Alejandro, yo no me moví del sitio, ellos se empezaron a vestir y se despidieron mientras se marchaban.

Finalmente me separé de la mesa como pude, me fui a la cama y me dormí.

Cuando alguien te descubre lo puta que eres

Por aquellas fechas las cosas no iban nada bien con mi pareja.

Internet hizo el resto, nos encontramos en una de esas muchas páginas donde te metes para buscar un ligue calentito cerca de tu casa.

Así nos conocimos.

Quedamos una noche.

Yo llevaba un pantalón corto, muy muy corto y una camiseta muy insinuante.

Nos fuimos a dar un paseo en coche mientras manteníamos la mítica conversación de dos desconocidos que acaban de verse en persona por primera vez.

Fuimos a una playa y aparcamos.

Me pareciste un chico muy mono desde el principio, y como odio las hipocresías te pedí que nos fuésemos para el asiento de atrás.

La excusa, que me hicieses un masaje en la espalda.

Yo iba con claras intenciones de acostarme contigo asique me quité la camiseta sin miramientos, dejando que tus manos nada expertas pudiesen rozar de vez en cuando la parte delantera de mi cuerpo.

Pero eras muy sutil y no querías tocarme las tetas. Yo me moría de ganas y tu te hacías de rogar.

Te pedí que parases y te sentases. Me senté a horcajadas tuya, muy abierta de piernas y te llevé las manos a mis tetas y luego a mi culo.

Estaba deseosa de follarte y dejar de lado las tonterías que tienen la mayoría de las mujeres que se creen que no se puede follar en la primera cita porque si no jamás te verán como una futura pareja.

¿Y quien te ve como eso si eres una estrecha?

¿Que no hay segunda cita?

Te pierdes este tremendo culo y ese coñito tan cerradito y apetitoso que tengo.

Pero aquella noche aprovechaste la ocasión.

Tu polla pronto creció dentro de tu pantalón.

Cuando ya estabas que reventabas me cogiste del pelo y me pusiste a cuatro patas.

Yo estaba deseosa de que me la metieras pero no esperaba aquella embestida sin piedad que me diste.

Eso provocó que me mojase toda.

En la siguiente embestida no tuviste que hacer fuerza para que entrase sin esfuerzo.

Estaba chorreando y te encantaba.

Me follaste en cuanta posición se te ocurrió, arriba, abajo, de lado, a cuatro patas…

Dentro del coche hacía demasiado calor.

Excusa perfecta para desentenderte de mí y dejarme a medias.

Hijo puta. Me fui para casa más salida que una monja de clausura, deseando un segundo encuentro tórrido.

Y lo hubo.

Esta vez te dejé subir a mi piso.

Una cama era un buen lugar para que me demostrases que eras el amante que necesito y enseñarme como follan los buenos amantes.

La cama  poco la usamos al final.

Como aún no llegaran mis compañeros de piso hicimos una ronda por cada estancia.

Lo que más me gustó fue mancillarles las camas a todos.

Luego usar sus escritorios como zona sexual y no de estudio.

Estar sentada en el borde de la mesa y verte a ti sentado en la silla del escritorio mientras me abres de piernas y empiezas a recoger todos mis fluidos.

Luego mientras sigues sentado bajar lentamente y sentarme encima de ti.

No necesitaba ya ni siquiera meterme tu polla con la mano.

Simplemente acercar mi coño húmedo y sentarme encima.

Estaba tan dura y yo tan mojada que los dos solo teníamos que movernos frenéticamente para darnos placer.

Ese placer que hasta ahora nadie me había enseñado como tú.

Ahora nos vamos para el salón.

La ventana da hacia la terraza  y hacia los pisos de otros vecinos.

No hay cortinas puestas aún, pero da igual.

Que disfruten del espectáculo.

Pensar que quizás me estén mirando, eso me excita en demasía.

Te encanta tenerme a cuatro patas para observa, tocar y golpear mi culo redondito con tu gran polla.

Te gusta que respingue con cada azote que me das con ella.

Por eso me pones sobre el brazo del sofá con las rodillas apoyadas en él.

Me inclinas hacia delante.

Tienes mi culo y mi coño delante de ti, para hacer con ellos lo que quieras.

Escupes en mi coño y me metes la polla de nuevo.

Gimo de placer.

Sigues follándome hasta que notas que me corro.

Es mi postura favorita.

En ella puedo notar mejor la gran polla que me está follando y permitir que entre completamente.

Hasta hay momentos en que con el desenfreno que llevas me empujas tan fuerte que rozo el dolor.

Son esos momentos que me hacen mojarme más aún.

Esa mezcla de placer y dolor.

¡Cómo me gusta y como sabes lo que me hace disfrutar!

Estoy disfrutando tanto que no me entero de la puerta.

Por suerte tú sí.

Cogemos una manta y nos tapamos aparentando estar viendo la tele.

Cuando mi compañera se mete en la habitación vuelves a metérmela.

Terminas de follarme allí en el sofá.

Te corres dentro de mí por completo.

Ummm, leche blanca y espesa dentro de mí, mezclándose con mis fluidos.

Esa noche dormí con tu corrida empapando mis bragas y al despertar aun olía a ti.

Por la mañana no me duché, me gustaba oler a ti y deseaba volver verte otra vez.

Y así fue.

Quedamos en sucesivas ocasiones de forma clandestina en mi piso.

La segunda vez bajé a buscarte al portal con una faldita de cuadros como la que llevan las niñas de uniforme al colegio.

Al meternos en el ascensor te pedí que me metieses la mano debajo de la falda.

No llevaba ropa interior.

En vez de subir nos quedamos en el ascensor.

Era por la tarde y mucha gente solía llamarlo, pero el morbo de que me pillasen era mejor que no hacerlo.

Me puse de rodillas ante ti y te saqué la polla del pantalón.

No estaba lo suficientemente dura para follarme pero un par de folladas a mi boca y ya lo estaba.

Aun así preferí deleitarme esta vez un buen rato comiéndotela polla.

Una buena mamada de esas que te la dejan llena de saliva hasta el punto en que la saliva te resbala por la boca y te moja las tetas y los muslos.

Como el ascensor tiene espejos en las tres paredes me arrinconas contra una.

Pegas mi cara contra el espejo y me metes la polla bajo la falda.

Poco a poco me vas abriendo el coño con ella.

Está húmedo, pero te cuesta entrar y haces más fuerza.

Me duele pero me encanta a la vez.

Me siento usada.

Aprisionada contra el espejo, medio violada y obligada a verlo todo.

Así estuvimos media hora, momento en el cual te corriste y llamaron al ascensor.

Yo me quedé sin correrme y estaba desesperada por hacerlo.

Subimos al piso, me cogiste por las trenzas que llevaba y me obligase esta vez a apoyar la cabeza sobre el escritorio.

Llevaste mis manos  a la espalda de manera que te servían de riendas para tirar de mí y llegar hasta el fondo.

Las piernas me temblaban.

Sentía que en cualquier momento me iba a correr y acabar cayendo de los tacones.

Aquella vez me corrí como nunca.

Estaba desesperada por hacerlo y tú sabías como conseguirlo.

Me decías que era tu puta, que sólo te pertenecía a ti y aunque yo lo negaba sabía que era así.

Es algo que no puedo evitar, es más me gusta.

Me encanta sentirme una puta barata, sin privilegios, simplemente un objeto que está hecho para dar placer a quien me use y tú, tú sacaste a esa puta.

Ahora ya no la puedo guardar dentro.

Cada día encuentro una nueva forma de sentirme sucia, usada y despreciable.

Y tengo que confesar que lo hago por complacerte.

Porque sé que te gusta tener una puta a tu entera disposición, que te complazca siempre y cuando lo exijas y porque no, que te rete y desobedezca de vez en cuando.

Porque de vez en cuando me gusta tener el control sobre ti.

Como hoy, cuando me tenías toda sumisa en la butaca y me sentaste encima de ti, dándote la espalda.

Disfrutabas como nunca mientras solo te follaba la punta de la polla, ¿verdad?

Deseoso de que decidiese sentarme más a dentro y poder abrirme todo el coño.

Pero no fue así.

Me levanté y te dejé a medias para irme al baño.

Aunque una puta es una puta, no lo debo olvidar. Yo sólo estoy para complacerte y darte placer.

Tenías que recordarme quien mandaba.

Tenías que recordarme que daba igual si yo disfrutaba o no.

Tenías que recordarme que yo sólo debo obedecer.

Tenías que recordarme que soy un objeto al que utilizas.

Te corriste sobre mi pubis  y mis muslos mientras estaba orinando en el baño.

Me quedó claro que soy una puta despreciable y barata, señor.

Ahora espero al siguiente encuentro. Espero sus órdenes y espero su castigo si me vuelvo a portar mal.

Porque seguro que lo haré.